AL MARGEN DEL DISCURSOForo de partidos: ¿Debate o circo?

HÉCTOR MAURICIO LÓPEZ BONILLA

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Poco se podría decir en sentido contrario, para rebatir la afirmación de que uno de los principales problemas que enfrenta la estabilidad política en el mundo actual radica en el inmenso desgaste del sistema de partidos políticos.

Cierto es que nadie ha podido definir un modelo alternativo para las sociedades abiertas, pues la lucha por el poder, en el marco de los regímenes constitucionales, no acepta otra opción que la libre asociación de ciudadanos. Las razones de su vigencia en el tiempo no aceptan fácil contradicción.

Los partidos representan en el más puro sentido del idealismo la organización en torno a una ideología o forma de ver la vida; pero, además, el deseo de servicio a la comunidad, así como un convincente propósito de acción.

La historia del pensamiento político sirve para ilustrar la evolución de tal idea en esa cuasi quimérica lucha por crear mejores condiciones para el desarrollo de una vida más civilizada.

Qué más podrían decir los filósofos políticos, sino expresar -en atención a esa historia- que sólo a través de la consolidación de una tradición partidaria bien institucionalizada es como se puede cimentar las bases de una sólida democracia.

Por eso pienso que a veces carece de sentido aquella afirmación respecto de que el modelo está agotado, cuando hasta ahora todavía no se visualiza alternativa viable al esquema partidario en el mundo libre. Porque si lo que en algún momento se sugiere es el prototipo de régimen monolítico, con partido único jugando a seudo elecciones, entonces tendríamos que pensar que lo que hace falta es un iluminado, corifeo o caudillo.

Es por eso que en el marco de esas reflexiones, cobra un valor inapreciable la iniciativa de la Organización de Estados Americanos, OEA, en el sentido de crear un espacio de convergencia y discusión para los partidos políticos en el país.

Puede decirse que pocos proyectos tienen la claridad expresa de conjugar esfuerzos para la creación de conciencia en ese sentido; esa que ha hecho falta para revertir la ingrata experiencia que ha marcado la vuelta a la democracia en América Latina.

De esa cuenta, se espera que este día quede instalado el Foro Permanente de Partidos Políticos de Guatemala, como parte de los esfuerzos que realiza el máximo organismo hemisférico para la consolidación de la institucionalidad política.

Esta es una buena oportunidad para hacer entender a los partidos políticos acerca de la gran responsabilidad que pesa sobre sus hombros.

Para infortunio de nuestras endebles democracias, el liderazgo individual y colectivo que se ha necesitado por parte de las asociaciones políticas no ha estado a la altura de las circunstancias. Como entes provistos de representación popular, legitimados a través del ejercicio del sufragio universal, los partidos políticos deben definir rumbos, con entereza, capacidad y honestidad.

Este es el punto sobre el cual tiene que orbitar la discusión de los partidos. De hecho, el espíritu de autocrítica tiene que estar presente, toda vez que se tiene que reconocer que si en algo se ha fallado ha sido precisamente en exhibir una falta de visión de futuro; es decir, de largo plazo.

Estancados en el día a día, los partidos se pierden en la administración de coyunturas.

La política como actividad pública, fuente permanente de decisiones de poder, no puede ser considerada fuera del esquema irrestricto de libertades; mucho menos fuera del alcance de responsabilidades.

El futuro de Centro América, y con él el de nuestro país, se encuentra en manos de los partidos políticos y sus líderes, aunque en su control intervenga la sociedad civil organizada.

No resta más que esperar a que el mencionado foro constituya un paso adelante para dignificar el ejercicio de la política. He ahí el dilema: Seriedad en el debate o función circense.

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