Al margen del discursoLos caminos de Arévalo Lacs

HÉCTOR MAURICIO LÓPEZ BONILLA

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Existe en el ambiente nacional una obsesiva tendencia a interpretar cada acción, actitud o decisión de la autoridad política como parte de un permanente juego de intenciones veladas. Se ha convertido casi en un axioma -verdad que no necesita ser demostrada- el principio de que hay que pensar mal para equivocarse menos. ¿A qué se puede atribuir tan desastrosa animosidad por parte de la población?

Una pregunta tan ingenua, tiene una respuesta experimentada. Ante la frustración creciente respecto de expectativas y necesidades, la población tiene una reacción lógica, se vuelve incrédula a todo y ve las cosas con sumo escepticismo. Un ejemplo de ello ha venido a serlo el nombramiento del general Eduardo Arévalo Lacs como nuevo encargado de la seguridad interna del país.

Los juicios de valor se han adelantado a las preguntas. Para muchos esto significa la militarización de las fuerzas de seguridad, una violación a los acuerdos de paz y una señal complicada respecto de las intenciones políticas que pueda tener el régimen. Sin embargo, a como estan las cosas en Guatemala, seguro que el presidente Portillo evaluó muy bien las interpretaciones que podría tener el hecho de nombrar a la cartera del interior al ex ministro de la Defensa.

La objeción en este caso no se centra en sus calidades profesionales, las cuales han sido probadas a lo largo de su carrera militar, sino mas bien en su significado. Un militar a la posición que debería desempeñar un civil, puede sonar contradictorio con toda una línea de transformaciones que se ha tratado de concretar. No obstante, la situación de inseguridad de la región, los factores internacionales que estan condicionando nuevas medidas y la precaria estructura organizativa de las fuerzas de seguridad del país, inciden de manera distinta.

Ante escenarios de incertidumbre por condiciones tan cambiantes y ante la condicionante de que no existen cuadros calificados de confianza para el mandatario, la llegada de Eduardo Arévalo le provee al presidente Portillo cierto grado de certeza respecto de lo que puede esperar. Como puede verse, desde esa línea de enfoque, para el mandatario pesan mas las necesidades que el supuesto costo político.

Respecto de qué lado se encontraría el general Arévalo vale la pena hacer algunas acotaciones. No pertenece al partido, ha sido profesional en su desempeño y es hombre de confianza del presidente. Esto podría garantizar: una línea independiente del FRG que no significa ni confrontación, ni divorcio; la coordinación efectiva con los demas entes de seguridad; la certidumbre del mandatario de continuar en control.

Los caminos de Arévalo Lacs se inician a partir de la bifurcación de la ruta que ahora tiene por delante. Para el nuevo ministro de Gobernación, la aceptación de tan difícil cargo representa el mas gran desafío, pero a la vez, la mas grande oportunidad para continuar concretando acciones visionarias. Esa puede hacer la gran diferencia.

Así como logró concretar la convocatoria que se va a hacer a la sociedad para formular la Política de Defensa, el general Arévalo tiene el deber moral de continuar la ruta iniciada en silencio por Byron Barrientos, quien a su vez, estableció los primeros pasos para discutir la Política de Seguridad Ciudadana, bajo un concepto que trascienda el marco restrictivo y obsoleto de la seguridad pública a ultranza.

Me inclino a creer que el general ve la oportunidad de hacer todo aquello que nadie espera que haga o que no le creen capaz de hacer: allanar el camino para que la seguridad interna del país, sea una responsabilidad de la autoridad civil, sobre la base de una institucionalidad bien fortalecida.

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