Al margen del discursoNicaragua y su tragedia griega

HÉCTOR MAURICIO LÓPEZ BONILLA

|

Una página más de ejercicio democrático formal se ha cerrado en Centroamérica. Las elecciones generales del 4 de noviembre en Nicaragua fueron una demostración de conciencia cívica por parte de la población. La gran novedad no sólo fue el triunfo arrollador de Enrique Bolaños, sino también la participación ciudadana, que redujo el índice de abstención al más bajo nivel de la reciente historia electoral del país.

No obstante, los hechos acaecidos en el Gobierno de Arnoldo Alemán y la certeza de que va a poder continuar con su actividad gangsteril dentro del nuevo esquema obligan a plantear serias dudas sobre el futuro cercano. Desde una óptica realista se puede afirmar que son más los motivos de preocupación que de esperanza los que se avizoran en el sinuoso camino que tendrá que recorrer esa nación hermana.

Para empezar, las dos fuerzas que han prevalecido como consecuencia de los resultados electorales -el Partido Liberal Constitucionalista, PLC, dominado por Alemán, y el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, liderado por Daniel Ortega- no aseguran la consolidación del régimen democrático, mucho menos el fortalecimiento del estado de Derecho.

En otras palabras, se prevé el incremento de los niveles de inmunidad e impunidad para los funcionarios públicos del actual régimen, responsables del saqueo del erario nacional, lo cual fue posible con la connivencia del FSLN.

Por un lado, se alza Alemán, quien sin ninguna timidez ostenta uno de los más altos niveles de corrupción en el ejercicio del poder, con una mayoría parlamentaria que le asegura desde ya su estatus de intocable por los desmanes de su gobierno, además de la garantía de que podrá continuar con la legislación casuística a su antojo, como la que caracterizó a la actual legislatura que está por terminar.

Por el otro, un FSLN totalmente desdibujado, cuestionado por su pasado, no sólo por el período en que detentó el poder sino también por el hecho de haberse convertido en cómplice de los abusos de Alemán. El pacto vergonzoso acordado entre Ortega y el mandatario saliente permitió un asalto conjunto a las instituciones democráticas.

Como se puede observar, negros augurios anticipan una mayor degradación de la institucionalidad del país. Sin embargo, a pesar del escenario tan preocupante, existe una condición que no se ajusta a la tendencia mencionada. Más allá de la amplia victoria electoral obtenida por Bolaños, su imagen personal abre interrogantes respecto de cuál será su actuación al frente del Ejecutivo.

Pero, más que eso, la pregunta principal se centra en torno a cuál será su capacidad de acción de cara a la Asamblea Legislativa, dominada por su propio partido y, por ende, bajo pleno control de Alemán, quien por ley se convertirá en diputado al dejar la Presidencia. En ese contexto, ¿qué se puede esperar de Bolaños?

El inmenso desafío que se plantea para la democracia en Centroamérica obliga a sopesar con mucho realismo los posibles escenarios a los que se puede enfrentar Nicaragua a partir de enero del 2002.

La razón es que en la tierra de Rubén Darío se vive ahora un ejemplo de proxenetismo político traducido en corrupción, saqueo, subyugación de las instituciones y legislación casuística. ¿Podrá escapar Nicaragua a un destino tan infausto como el que solía caracterizar a las tragedias griegas?

El análisis más profundo del emporio creado por un presidente gángster y la historia de una izquierda oportunista y cómplice tal vez pueda servirnos como señal de aviso.

ESCRITO POR: