AL MARGEN DEL DISCURSONo hay combate a medias

HÉCTOR MAURICIO LÓPEZ BONILLA

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Al parecer, un evento que en su planteamiento inicial no causó mayores expectativas, se ha logrado constituir en el principal referente, para la definición del futuro escenario electoral del país. No cabe duda que las elecciones primarias del PAN no sólo representan un novedoso ensayo interno, propio del principal partido de oposición.

A decir verdad, la trascendencia de este hecho sin precedentes en la historia política del país, puede tener muchos campos de acción. Perdón por el optimismo, pero con todos sus defectos, este ejercicio rebasa la simple escogencia de quién va a ser el candidato presidencial para las próximas elecciones.

Por supuesto, que inmersos en esta cultura de descalificación permanente, resulta difícil encontrar rasgos de opinión favorable para apuntalar ese tipo de práctica. No obstante, resulta lógico pensar que este suceso bien puede convertirse en un verdadero ejemplo para los demás partidos, si se logra llevarlo a cabo con madurez, transparencia y propósitos de unidad.

A nadie escapa que este tipo de elecciones exige un alto grado de espíritu democrático, pues el riesgo de provocar fisuras y divisiones irreconciliables es muy alto. La razón es clara: La dinámica de competencia interna implica el enfrentamiento público de personas de un mismo partido. Pero ese es el costo que a veces se debe pagar, mientras llega la maduración de conciencia.

En este caso, la disputa entre dos líderes del PAN lleva consigo una variedad de intereses que sin duda ha incidido en la fluctuación de temperaturas a lo largo del proceso. Bien se sabe de la existencia de dos líneas completamente diferentes al interior del partido, pero no por ello, obligadamente excluyentes, ya que la lógica nos dice, que si se quiere crear una alternativa real, ésta debe tener la suficiente masa crítica. Lo contrario, bien puede terminar en payasada.

Dicho en otras palabras: El sentido común indica, que a menos que la materia gris sólo alcance para ver los árboles de un ejercicio de primarias, debe ser el partido el que debe salir fortalecido de ese proceso interno. A estas alturas, no se puede construir una plataforma electoral de respeto si no se logra mantener la unidad interna frente a cualesquier resultado.

Desafortunadamente, los juicios construidos a partir de la información publicada en los medios, así como en las páginas de opinión, no remarcan la importancia capital de ese gran desafío. No basta con implementar un procedimiento interno para asegurar la escogencia democrática de sus candidatos, como tampoco es suficiente poner el primer ladrillo para construir un proceso que revierta los efectos perniciosos de la ?dedocracia? partidista. Se necesita transformar el verticalismo característico de las organizaciones autoritarias, para dar paso a la práctica democrática, hasta que ésta se convierta en tradición.

La hora de la definición para Leonel López Rodas y Oscar Berger se acerca. Pero hay que tomar en cuenta que este no es el escenario de la contienda electoral general. No es por tanto, el veredicto de todos los guatemaltecos, sino la voluntad de representación que será expresada por las bases de su partido.

En consecuencia, sólo queda esperar que López y Berger hagan gala de su liderazgo, para superar la verdadera prueba, pues ésta no estará constituida por el resultado de esas elecciones primarias, sino por la actitud que de ese proceso asuman el uno y el otro.

La encrucijada no es de Berger ni de López, sino del PAN como fuerza política. No es la nominación la que está en juego, sino la viabilidad de hacer trascendente su propio partido. Si quieren librar la batalla principal, no deben olvidar que este proceso es parte de la preparación de la fuerza, porque para vencer, no puede haber un combate a medias.

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