AL MARGEN DEL DISCURSONuevas reglas; mejor cosecha
A contrapelo de los malos augurios, así como de algunas irregularidades durante el proceso, las elecciones primarias del PAN han sido una novedad política.
Un amigo, me decía la semana pasada que escribir con optimismo respecto de este tipo de eventos era muy soñador o aventurado.
Como ya se ha expuesto, la crisis de credibilidad en el sistema partidario poco da para pensar en positivo. Pero no por eso se puede dejar de extender criterio sobre la validez de los hechos, al igual que sus posibles consecuencias, sin apologías o detracciones oficiosas.
Guste o no, los sucesos de la vida tienen incidencias en otros campos, algunas veces más importantes que otras; positivas o negativas, directas o indirectas, con efectos verticales u horizontales. El reto está en visualizarlas. Por ello es que resulta innevitable la interpretación del proceso interno del PAN, pues la experiencia ha demostrado que quien no prevé efectos tampoco podrá valorar resultados.
En ese sentido, la primera reflexión gira en torno a su aporte a la definición del contexto preelectoral. Como ya se había escrito con anterioridad, existían grandes expectativas respecto de los resultados de esas elecciones. Interrogantes como quién sería el ganador, cuántos afiliados votarían o cómo se mantendría la unidad, constituían factores críticos a considerar en el análisis. Estas ya han sido despejadas.
Por otro lado, salta a la vista que el ejercicio de primarias permitió que el PAN pudiese llevar a cabo un proceso de reexposición de forma privilegiada en la mente de sus potenciales electores. De esa cuenta, se reproduce un nuevo posicionamiento de sus líderes, símbolos y lemas en un momento crítico. Ese refrescamiento mental fortalece ese producto de la percepción conocido como imagen.
De igual forma, se puede apreciar que el evento en sí envió un mensaje de fortaleza tanto a lo interno del partido como hacia fuera. El número de afiliados que votó, aunque no llegara al techo establecido, demuestra el crecimiento geométrico de su fuerza. El entusiasmo demostrado en la jornada eleccionaria, por las comisiones, mesas, fiscales, comités de orden y votantes, demuestra un espíritu positivo. Pero además, -y esto hay que resaltarlo- la capacidad de poder mantener la unidad interna, se convierte en el mayor baluarte del PAN.
Desde otra perspectiva, la realización del evento conlleva una presión moral para las demás organizaciones partidarias, toda vez que aun cuando este ejercicio esté lejos de ser perfecto, sí constituye un ejemplo de voluntad política, democracia interna y madurez institucional, que ahora, le da una imagen diferente.
Es innegable, que ese ejercicio es una muestra del nuevo derrotero que pueden seguir las organizaciones políticas del país, en la línea de fortalecer, reivindicar y legitimar su papel.
Como puede verse, la posición del PAN en la antesala del año electoral es bastante sólida; incluso, podría decirse que envidiable. Las posibilidades de convertirse en una opción alternativa real, con una prospectiva bastante bien definida han sido potenciadas.
Para muchos, el PAN estaba enfrascado en un ejercicio pierde-pierde, pero la situación ahora, bien puede ser otra.
En su recorrido, esa agrupación ha demostrado su capacidad de desarrollo, desde comité cívico hasta partido político que ejerció el poder. Su habilidad para sobrevivir la escisión, así como el abandono de filas de sus principales fundadores.
Su ingenio para revitalizar su liderazgo, merced a un proceso de elecciones internas. No cabe duda de que el proceso ha sido exitoso.
La dirigencia del PAN debe estar satisfecha por sus logros. Pero esto aún no garantiza nada. Falta ver su aptitud real para librar la verdadera batalla electoral y su visión para trascender en el tiempo como institución.