AL MARGEN DEL DISCURSO¿Serán un mito los Derechos Humanos?
Desde la Promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, hecho ocurrido el 10 de diciembre de 1948, mucha agua ha pasado bajo el puente como para poder hacer un balance. ¿Qué tan efectivo ha sido el esfuerzo para hacer prevalecer ese ideal?
Difícil sería tratar de obtener una evaluación ecuánime, ya que si algún tema ha despertado intensas polémicas en el mundo moderno ha sido el relativo a Derechos Humanos.
54 años son testigos de su concepción, implementación y vigencia, sus avances y retrocesos, pero, fundamentalmente, del choque ideológico en su derredor.
Podría decirse en torno a ello, que la lucha por hacer realidad el ideal de los Derechos Humanos tropezó con escenarios de autoritarismo, precisamente por la ausencia de una cultura que privilegiara la dignidad humana, por encima de sistemas de dominación.
Pero en ese empeño, muchas veces se extravió el camino.
Bien sabemos que los Derechos Humanos también fueron atrapados por la dinámica perversa de la Guerra Fría, pues su marco filosófico sirvió de referente para librar las luchas por la descolonización o los esfuerzos por acabar con sistemas dictatoriales.
No obstante, el deseo de alcanzar mejores niveles de desarrollo político, encontró también fácil bandera.
Esa pugna entre statu quo y renovación trajo al escenario el tema. En algunos casos, la situación derrapó en las luchas revolucionarias, con la consabida ideologización de la materia.
Fue así como esos Derechos se convirtieron en arma de lucha, situación que desnaturalizó su carácter integral.
A estas alturas, aunque parezca inconcebible, la discusión en torno al tema sigue teniendo vigencia con los mismos resabios de confrontación ideológica.
La concepción poco ha variado respecto de aquella categoría de ?izquierdos humanos? con que se estigmatizaba a los grupos que propugnaban por su vigencia, aunque hay que aceptar que muchos de estos colectivos tuvieron y siguen teniendo responsabilidad por plantear una sola cara de la moneda.
Pocos refutarán entonces, la afirmación respecto de que los patrones de análisis se mantienen vigentes para continuar estableciendo categorías de aceptación para lo que se considera legítimo en materia de Derechos Humanos.
La pugna respecto de su jerarquía sigue siendo un problema irresoluto, pues mientras para unos es suficiente cierta vigencia de Derechos Políticos, para otros eso no sirve ni siquiera de plataforma.
Mucho dependerá en lo sucesivo, de la adopción de medidas para fomentar una cultura de Derechos Humanos que no haga distingos, que promulgue la universalidad de su espíritu y la vigencia sin distingos de ninguna clase.
Más allá de esa visión fragmentaria que no tiene sentido, se encuentra todo un debate respecto de los alcances de un proyecto que en un principio pareció ser utópico pero que ahora constituye una tendencia poderosa en el mundo actual.
Las exigencias de los tiempos modernos no son propicias para seguir confrontando la visión conservadora que propugna con relatividad por ciertos derechos individuales, sin que se tome en serio los derechos colectivos.
De esa cuenta, los estados no pueden conformarse con haber ratificado la inmensa normativa internacional contenida en los instrumentos relativos a Derechos Humanos, sin hacerlos valer en toda su dimensión, en la categoría de políticas públicas.
Para ello se necesita promover una política de Derechos Humanos que sirva de marco a la creación de una cultura de esos derechos.
Se necesita educar, pero también, construir un discurso integral que no sea exclusivo de las fuerzas políticas de izquierda, sino la base de un prontuario filosófico para toda la sociedad en su conjunto.
Los Derechos Humanos no pueden ser un mito; menos para crear diferencias.