De mis notasHarto

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Para cuando termine esta columna habré cambiado unas cuantas veces el titular de la misma.

La verdad: Estoy desganado. Las imágenes de Nueva York, el estado de tensión internacional, el desplome de la bolsa y el desventurado vaivén político criollo que nos envuelve con sus cuitas y sus errores desangrantes, me tiene, sinceramente, harto…

Me molestan los comentarios de los izquierdozos cachimbiros, resentidos de siempre, cuando despotrican sobre las cenizas del atentado terrorista.

Ahora, los gringos tienen su merecido y el narigudo enhashishado de Bin Laden es un Frankestein parido por los yankees. Me erizan las interpretaciones en las que minimizan con un ?y claro que el ataque terrorista neoyorquino es lamentable, PERO…?.

Es un PERO que enerva y hiere hondo -?por impertinente e impenitente?- en medio de las lamentaciones del mundo entero por la muerte de casi 6 mil personas en el World Trade Center. Seres humanos, desaparecidos, convertidos en cenizas, humo y aire, que eran y ahora ya no son.

Admitido. La historia mundial no es ni virginal, ni inmaculada. Pero también el mundo no tiene un solo rostro, sino muchas caras de la misma moneda geopolítica. En efecto, los yankees no son cenicienta, pero tampoco lo son los ex soviéticos y todos sus títeres peleles comprados para joder de día y de noche durante el largo invierno del conflicto este-oeste. Se cometieron atrocidades y el horror será inexcusable ahora y siempre.

Como la actual tragedia neoyorquina. La condena debería ser el standard moral, sin justificaciones para los extremistas de cualquier bando.

Es momento de pausa y reflexión para la humanidad. Para el mundo entero. Y tomar conciencia que el futuro es el reflejo de lo que hoy -juntos- como humanidad hagamos. No construimos un futuro para las generaciones venideras animando a los chicos a lanzar piedras con el orgullo de la Intifada.

La humanidad no siembra paz para la posteridad cuando expone a su juventud a ver a sus padres quemando efigies envueltas en banderas enemigas, lanzando gritos de guerra y muerte.

No se edifica un porvenir medianamente sensato y vivible, deformando los valores y principios de individuos para quienes la autoinmolación es sinónimo de evolución espiritual, y el matar inocentes, sagrada misión.

La confrontación social y el lenguaje contestatario que anima la lucha de clases no elimina los males de la humanidad, sino los empeora, los agudiza y los multiplica como plaga mortal.

El resultado a largo plazo es proféticamente incontrovertible: Los pobres serán más pobres y la distribución de la riqueza aún más desigual.

Las guerras prevalecerán y la paz será un espejismo lejano. Y la polarización contenciosa ahogará más las oportunidades de desarrollo. Lo único que crecerá, ciertamente, es el aumento de los indicadores paupérrimos con su secuela apocalíptica. Nos espera un negro porvenir… Si seguimos con el idioma del odio. Afortunadamente la mayoría mundial lo sabe y está de acuerdo en hacer algo.

Porque es evidente que de las cenizas del World Trade Center ha surgido un Ave Fénix. Un sentimiento generalizado que esta tragedia puede capitalizar el enorme poder de la unidad internacional para alcanzar algo mucho más trascendente que el mero combate antiterrorista.

Que es hora de buscar un lenguaje mundial más común y solidario. Entendimientos y compromisos de una humanidad que fija sus ojos en la eliminación de causas, entre las cuales, el terrorismo, los gobiernos extremos, los proyectos radicales y el resentimiento anti-mercado, son las principales heridas por donde supura la miseria humana.

Siempre habrán renegados y fanáticos. La humanidad no es pura.

Tendremos males. La diferencia es de actitud y conciencia global.

Conciencia en la necesidad de vivir en armonía en este planeta llamado Tierra, una diminuta canica suspendida en el espacio en donde se está jugando el destino del ?homo sapiens?.

ESCRITO POR:

Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.