De vuelta en la tierra de Urgg Tarmangani Kriga, leo en los periódicos locales que el FRG no autorizará la prórroga al Timbre de Control Fiscal, a pesar del hecho de que no disponen ni del timbre, ni de la reglamentación e infraestructura de cobro necesarios.

Se los dije hace unas semanas con sorna irónica y dejo de chiste: ¡Ni que fueran a pegar los mentados timbres con saliva…! Pero las explicaciones de los embotelladores no merecieron ni un parpadeo de los funcionarios responsables del deschongue.

Además del hecho de que estos impuestos en medio de esta resaca recesiva son impertinentes, improcedentes, ilegales y absolutamente injustos para los guatemaltecos, las explicaciones técnicas de los embotelladores son razonables. ?Pegar? los timbres fiscales en forma automática es costoso y complejo. Los envases pasan por la línea de producción a una velocidad enorme. Cualquier cambio en tan complejo mecanismo implica minuciosa planificación y cuantiosa inversión.

Y, sin embargo, el decreto fue publicado y entrará en vigencia el 1 de octubre. Nacerá a un entorno totalmente informal y hostil. Nadie sabe cómo lo cobrarán y ya existen sendas acciones legales en su contra, en las cuales el argumento central es relacionado con la ilegalidad de la ?doble tributación?.

Desde que el timbre era sólo un espermatozoide inquieto en el conducto seminal de finanzas, clamando por pegar centro en las intimidades de los embotelladores y tabacaleros, el deseo de sus progenitores era siempre que el coito fuera gratis. Es decir, que no le costara ni un centavo a los consumidores; que el Gobierno se quedara con el orgasmo recaudador y los empresarios con el parto con dolor. Menuda carnalidad.

Los diputados eferregistas -esa secta fundamentalmente extraterrestre que vive en aquel lado del sentido común- ?habían creído? ¡Oh crasa ignorancia! Que este impuesto jamás sería trasladado a los consumidores y que los empresarios ?deberían cargar con el costo del mismo?.

Doña Flora de Ramos lo reiteró a los reporteros el día de ayer, señalando que ?los empresarios deberían ponerse la mano en la conciencia y no trasladar el impuesto al consumidor? (sic).

El problema es que la plata no sale de la conciencia de los empresarios, sino de sus bolsillos. Doña Flora anda perdida al pretender convertir a las empresas en ?anexos de beneficencia? al mejor estilo de la liga contra el cáncer.

Las empresas nacen con el propósito de generar utilidades. El mercado, es decir los consumidores, son los que deciden la compra o no de un producto de acuerdo a la calidad y el precio del mismo. En este caso, el timbre incrementará el costo de las bebidas en un 65 por ciento. Por supuesto que disminuirá el consumo y, por ende, la producción.

Los empresarios tienen dos alternativas: O aumentar el precio cargándoselo al consumidor, o absorberlo. Y sólo lo absorberá si los índices de rentabilidad se lo permiten. En este caso la merma en la producción por disminución de ventas no lo permite.

Y como habrá despidos, porque las empresas no operan centros de empleo ?por amor al arte?, ya se ven algunos sindicatos adhiriéndose -como de costumbre-, hacia la posición extraviada y extrema, y acusan a los empresarios de ?oportunismo para hacer despidos masivos?.

Otras genialidades anecdóticas quedan registradas en favor de los iluminados eferregistas que han opinado sobre los hábitos de consumo de los chapines. Dijeron que, de todas maneras, ?sería mejor cambiar las bebidas gaseosas por otras sustancias más nutritivas, tales como rosa de jamaica, horchata o fresco de súchiles?.

Chulada… la política criolla.

ESCRITO POR:

Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.