¡Oh, Jerusalén!

FRANK LA RUE LEWY

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  en los cuales toda su movilidad está determinada por las fuerzas militares israelíes como autoridad de ocupación —términos de Naciones Unidas—. Se pasa por retenes y puestos de control y pareciera darse una calma artificial que en cualquier momento con facilidad se rompe con las manifestaciones y protestas de palestinos que se suceden casi semanalmente y que siempre terminan con gases lacrimógenos. Decidí asistir a una de estas manifestaciones en la aldea de Nabi Salleh donde un joven de 28 años recibió en la cabeza el impacto de una lata de bomba lacrimógena y falleció al día siguiente.

La población palestina en Jerusalén del Este tiene dificultad en obtener permisos para realizar actividades culturales que reproducen su identidad e incluso libros de educación utilizados para niños palestinos han sido censurados en algunos capítulos. Pero junto a esta crisis, de igual manera se ven turistas recorriendo el casco antiguo de Jerusalén sin problemas y para quienes nada de esto sucede.

Yo no tuve tiempo para recorrer los Sitios Sagrados, pero una noche con mucha brevedad tuve la oportunidad de visitar el Santo Sepulcro y el Gólgota. Lo más impresionante era observar frente a la entrada de la capilla del Santo Sepulcro la piedra en la que se presume lavaron el cuerpo de Jesús antes de sepultarlo. Allí encontré principalmente a mujeres de diferentes denominaciones cristianas, de rodillas, limpiando la piedra con lienzos, y algunas, con sus lágrimas. Luego subí el Gólgota, que resultó ser una piedra pequeña a la que se accede subiendo unas 20 gradas hasta la capilla del Sitio de la Cruz, y de nuevo encontré a muchas personas desfilando por el lugar para tocar el lugar exacto donde se presume estuvo clavada la cruz de Jesús.

En los sitios sagrados encontré capillas de diferentes denominaciones cristianas y, según narran las personas del lugar, con cierta rivalidad unas con otras. El extremo se dio cuando todos decidieron entregar las llaves de la Capilla del Santo Sepulcro a una familia árabe islámica de reconocida honorabilidad, para evitar futuros conflictos. Pero es precisamente en esta Tierra Santa y bajo estas circunstancias en que uno no puede dejar de reflexionar sobre el mensaje de Jesús hace dos milenios.

Jesús conmovió al mundo de la época, también ocupado militarmente y conflictos religiosos entre Samaria y Judea, con un mensaje de paz y de amor, de descubrimiento y acercamiento con el prójimo: “Lo que hagas con uno de estos conmigo lo haces”; con un mensaje de verdad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, quien cree en mí no morirá”; y con un mensaje desprendido de compromisos materiales, incluso de templos, honores y rituales, pero lleno de vida y resurrección: “Destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días”.

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