CON OJOS DE MUJERSu mejor regalo
Había un rey que al revisar las cuentas de sus súbditos encontró que muchos, muchos le debían. Había uno en especial cuya deuda era de cien millones. Como habían transcurrido años, al traerlo ordenó que lo vendieran junto con su esposa, hijos y todas sus posesiones. El hombre, acongojado, se tiró a sus pies rogándole: ?Por favor, ten paciencia; te lo pagaré todo?. Conmovido, el rey ordenó que lo soltaran y le perdonó la deuda.
Libre, el hombre salió a la calle y en el camino encontró a una persona que le debía mil pesos. Inmediatamente lo abordó, lo agarró por el cuello y le exigió el pago. El deudor cayó de rodillas y le suplicó: ?Por favor, ten paciencia; te lo pagaré todo?. Sin embargo, no quiso y lo hizo meter en la cárcel.
Sus amigos que vieron lo sucedido se entristecieron mucho y fueron a contarlo al rey, que inmediatamente lo mandó a traer y le dijo: ?Eres un malvado, yo te perdoné aquella deuda espantosa porque me rogaste. ¿No deberías tu también haber perdonado al otro??.
Enojado, llamó a los verdugos y lo entregó a sus manos con órdenes de mantenerlo en la cárcel hasta que pagara toda su deuda.
Lector, está usted en manos de los verdugos porque no ha querido perdonar a alguien a pesar que Jesús sí lo perdonó a usted muriendo en la cruz? Medite en esto y vea si no lo tienen torturado con enfermedades, presión alta, reumatismo, cáncer, úlceras, stress, deudas, desempleo, malos negocios, falta de prosperidad, etc.
Pero no sólo es usted, esto también alcanza a su cónyuge, sus hijos y sus posesiones.
Como ser humano, yo también estuve en manos de los verdugos porque no perdonaba muchas ofensas, pero cuando me di cuenta de que si quería ser libre debía perdonar, tomé la decisión. ¿Quién era yo para no perdonar, si Jesús me había perdonado? Hice una lista y principié a perdonar y a pedir perdón. No todos lo aceptaron, pero eso ya es asunto de cada quien, yo me liberé, salí de la cárcel y de los verdugos.
Perdonar es una decisión personal, no sensación, aproveche la Navidad y decida ser libre, empiece a perdonar y salga de la cárcel y de los verdugos. Saque de su corazón la basura, destruya odio y rencor, es su mejor regalo.
Y aunque parezca mentira, también Guatemala necesita de este perdón individual y corporativo para salir de la cárcel de miseria y muerte en que la tenemos.
? Para los deudos de la gran educadora Lic. Mercedes Guinther, de Martita de García Manzo y Tono Crespo, un abrazo fraternal.
? Recuerde mi regalo, un ejemplar gratuito de mi libro ?La Intercesión, Arma de Dios?, pídalo a Yolanda Reyes, de Prensa Libre.