Opinión

Desde Ginebra

Desafíos de la cuarta revolución industrial

Eduardo Sperisen

Eduardo Sperisen

La revolución industrial se remonta a la primera revolución industrial en 1750, basada en la innovación del motor a vapor, que dio paso de la producción manual a la mecanizada. Le siguió la segunda revolución industrial, que fue cien años después, con la electricidad, que propició la manufactura en serie. Para la tercera revolución industrial hubo que esperar hasta mediados del siglo XX, cuando llega la era de la electrónica, la tecnología de la información y las telecomunicaciones. La cuarta revolución industrial tiene una tendencia a la automatización de la manufactura. El término fue utilizado por primera vez en 2011, en la Feria de Hannover.

Desde la primera revolución industrial hasta el 2016, en el World Economic Forum en Davos (WEF, en inglés), donde se anuncia que el mundo entraba en la cuarta revolución industrial, el ser humano no había dejado de avanzar y de cambiar las cosas, llevando a una evolución trascendental a las sociedades con el transcurrir del tiempo.

El profesor Klaus Schwab, economista de reconocimiento internacional, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, en su libro sobre la Cuarta Revolución Industrial (The Fourth Industrial Revolution), libro de lectura fundamental para los ciudadanos y empresarios interesados en comprender las oportunidades que se abren gracias al impacto de las tecnologías emergentes, presenta un marco reflexivo para que los dirigentes enfrenten el desafío de maximizar los beneficios de la profunda transformación tecnológica, social y económica que está transformando a toda la sociedad.

La Cuarta Revolución Industrial se desarrolla en un conjunto de transformaciones en marcha y otras que están prontas a ocurrir en nuestra economía y forma de vivir, afirma el profesor Schwab. Así también, en una serie de artículos publicados, afirma que la actual revolución industrial es distinta a cualquier cosa que el género humano haya experimentado antes, por su escala, alcance y complejidad.

Podemos tomar ejemplos como la empresa Uber, que ha ocasionado conflictos en muchos países con los taxistas tradicionales, quienes denuncian competencia desleal por utilizar la tecnología actual de forma innovadora; Netflix, que desafía a la televisión tradicional; la entrega de las empresas de mensajería de paquetes con drones de alta tecnología, directamente en sus manos; automóviles que circulan sin ningún tipo de conductor, autoconducidos o autónomos. Estas son apenas algunas muestras de las transformaciones que se están desarrollando con la utilización de la tecnología que impulsa la cuarta revolución industrial.

La avalancha de este tipo de innovaciones es cada vez más grande y la capacidad de reaccionar en muchos casos es muy lenta, que la fuerza del mercado presiona a las empresas de mantener el paso con los avances de la tecnología para satisfacer las necesidades de los clientes, que de no adaptarse los empresarios corren el riesgo de quedar fuera de competencia.

El cambio que se viene es fundamental. El consumidor se enfocará por la demanda, consumiendo lo que quiere en el momento que quiere. Es una tendencia, la personalización profunda de los productos definida por las preferencias del cliente de acuerdo con lo que ve, lee y consume.

Más allá de todo esto, la consigna es la de prepararse para los retos. Las políticas de los gobiernos en este tema dependerá no solo del crecimiento económico, sino también en la esfera social, con la disminución de la desigualdad entre naciones y ciudadanos. Vivimos tiempos exponenciales. Los cambios y las nuevas tecnologías se suceden cada vez a mayor velocidad y cada cambio produce más aceleración y no pasará mucho tiempo para que entremos en la quinta y luego en la sexta revolución industrial.