La propuesta del Partido de la Asamblea

Opinión

El camino de la revolución no pasa por las urnas electorales, fue un apotegma elaborado por un militar convencido de alcanzar el poder. La segunda mitad del siglo pasado testifica el esfuerzo y sacrificio de muchos connacionales que buscaban un cambio sobre bases de igualdad étnica, consideración de las aspiraciones populares y medidas económicas sociales.

Desafíos de la cuarta revolución industrial

Opinión

La revolución industrial se remonta a la primera revolución industrial en 1750, basada en la innovación del motor a vapor, que dio paso de la producción manual a la mecanizada. Le siguió la segunda revolución industrial, que fue cien años después, con la electricidad, que propició la manufactura en serie. Para la tercera revolución industrial hubo que esperar hasta mediados del siglo XX, cuando llega la era de la electrónica, la tecnología de la información y las telecomunicaciones. La cuarta revolución industrial tiene una tendencia a la automatización de la manufactura. El término fue utilizado por primera vez en 2011, en la Feria de Hannover.

El espíritu revolucionario

Opinión

En momentos parece sin sentido. Las acciones y decisiones pueden contravenir la conveniencia personal. Dicen lo que otros no. Hacen lo que puede perjudicarles. Se arriesgan, y a menudo pierden. Pero las crónicas guían a recordar que cuando se gana la batalla, es ese espíritu revolucionario el que motiva cambios que llevan a la humanidad a vivir mejores porvenires. El reto; la afrenta; la falta de respeto hacia lo que no merece eso, justamente: respeto. Así sea una monarquía engreída que vio caer con fuerza su Bastilla; o en Boston, la gente tirando por la borda té, para simbolizar la liberación de un imperio mezquino. O aquí mismo, en esta tierra de mil primaveras, cuando la gente ha actuado conforme a su conciencia. Ya sea en 1920, para destruir el yugo del ególatra desenfrenado; o en 1944, para catapultarnos hacia una modernidad humana; o ahora mismo, mientras nos buscamos soltar de un Estado cooptado al servicio de élites —de tradición y emergentes—, que gobiernan como enemigos de la Nación, en perjuicio de nosotros. Nosotros, los demás.