Opinión

EDITORIAL

Se agitan las aguas para la vieja política

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El nerviosismo empieza a estremecer los cimientos de la vieja política y con ello se abre la puerta a una pugna que tendrá demasiados protagonistas, aunque la mayoría está claramente inclinada en la defensa de un sistema derruido e irrespetado, principalmente por quienes han hecho del oficio una plataforma para el abuso.

Una muestra de ello ocurrió en las últimas sesiones del Congreso en las que se conoció una propuesta del Tribunal Supremo Electoral para permitir que los guatemaltecos residentes en el extranjero puedan votar con solo tener DPI, aunque no estén empadronados.

La postura adversa de la mayoría de los políticos representados en el Congreso fue la de rechazar dicha iniciativa, pero fueron pocos los argumentos para mejorar esa propuesta y con ello darle la oportunidad a miles de guatemaltecos para que puedan participar en las próximas elecciones.

El rechazo hace suponer que existen más bien temores por parte de ellos para abrirles el voto a los guatemaltecos residentes en el extranjero. Esto porque muy pocos se mostraron favorables a dicha propuesta o para partir de ella para posteriores enmiendas, entre las cuales podría aprovecharse la explosión de modernas tecnologías para facilitar dicho proceso, ante la imposibilidad de poder hacer los trámites en persona.

Es fácil suponer que para los caciques de las anquilosadas estructuras electoreras es más cómodo garantizar el espacio a aquellos votantes que ellos suponen podrían serles favorables, lo cual es un contrasentido, porque han hecho un enorme daño al sistema como para suponer que puedan garantizar la reelección.

Hubo otro incidente, bastante bochornoso, cuando el más genuino ícono de la vieja política, la Unidad Nacional de la Esperanza, hizo mutis ante los señalamientos de haber interpuesto una acción espuria en contra de la inscripción del nuevo partido Semilla, pero con tal mal tino que lo hicieron a destiempo y con un argumento risible.

El hecho solo sirvió para que en las redes sociales se desatara una serie de mensajes en contra del intento de la UNE por buscar descalificar antes de tiempo a quienes podrían ser sus competidores en la próxima contienda electoral. Ni siquiera quisieron responder a requerimientos de los medios de comunicación para justificar su acción.

Estos son los albores de una contienda que puede ser una de las más crispadas, pues por un lado todas las agrupaciones que representan el viejo molde de hacer política volcarán recursos y esfuerzos para no ser sepultadas por una avalancha de votos de repudio. Ese es el sentimiento generalizado entre los guatemaltecos: castigar a las viejas organizaciones responsables del deterioro de la situación nacional.

Es claro que en las próximas elecciones los partidos tradicionales llevan las de perder, gracias a quienes empujaron al nuevo oficialismo, donde nunca hubo la menor idea de cómo proceder. Comparten esa culpa quienes han sido parte de un sistema que ha privilegiado el abuso y la irresponsabilidad en la administración pública, condiciones que han favorecido una corrupción desenfrenada y letal para miles de guatemaltecos.