PALABRAS DE PAPEL Nobleza contra maldad
Tengo frente a mi el mofletudo rostro del nicaragüense Arnoldo Alemán. Su fotografía ocupa un cuarto de página de Siglo Veintiuno, cuyo ejemplar del jueves 19 posa sobre mi escritorio.
Con una mueca que pretende ser sonrisa levanta el pulgar de la mano derecha en signo de victoria.
Pero no es su gesto el que me asquea. Ni siquiera el sinuoso semblante de ese expresidente pinolero que resume en su historial lo más perverso de cualquier político de América Latina.
Lo que me repugna es la desfachatez de sus más recientes declaraciones, en sus postreros intentos por evitar ser desaforado de su condición de presidente del Congreso, para que sea juzgado como cualquier vulgar delincuente.
Con el más cínico descaro, ese corrupto político centroamericano tuvo la desvergüenza de compararse nada menos que con el presidente Nelson Mandela, el prototipo del político probo y honorable, quien gobernó Sudáfrica con decencia y rectitud durante el quinquenio de 1993 a 1998.
En medio de su irracional obstinación y sintiéndose perdido, Alemán afirmó que si es encarcelado ?voy a salir como Mandela, pero antes voy a ver pasar el cadáver de mis enemigos?. Sólo esas pocas palabras son suficientes para retratar de cuerpo entero a ese obeso y maligno político nicaragüense, y apreciar la abismal distancia que lo separa del estadista sudafricano.
Bien lo enfatiza una nota que leí hace poco: ?¿Quién dijo que política y bondad son términos opuestos? Aquí tenemos a un político bondadoso para desmentirlo: Nelson Rolihalahla Mandela, un hombre que ha entrado ya en la leyenda de los grandes estadistas de todos los tiempos gracias a su bondad, definida como la virtud de hacer el bien, aliada, eso sí, a la inteligencia, la sencillez, la humildad y el desapego al poder?.
Cómo puede Alemán a atreverse tan sólo a pronunciar el nombre de Mandela, quien gobernó con absoluta honestidad y se negó a ser postulado para otro período presidencial, con la absoluta certeza de la victoria, después de haber logrado la reconciliación entre blancos y negros, pese a que fue víctima del apartheid y estuvo encarcelado durante 27 largos años de su vida.
Todo un digno y respetable señor, el sudafricano; y un tortuoso y detestable individuo, el nicaragüense. Un político guatemalteco, compinche de Romualdo, cuando se encuentra con Alemán y al asombrarse de su obesidad, le espeta: ¡Púchica, a vos al chile se te bajó la panza!