PALABRAS DE PAPELAmas de casa
Las sanas intenciones de aprobar un decreto encaminado a proteger a los consumidores de gas licuado, específicamente a las amas de casa con bajos ingresos, podrían desvanecerse si persisten ocultas presiones de grupos interesados en entorpecer la discusión y aprobación de la respectiva iniciativa de ley.
El pasado lunes compartía con ustedes que finalmente una comisión legislativa se ha atrevido a encarar un riesgo latente en miles de hogares, especialmente de las clases media y popular, que consiste en la peligrosa manipulación de cilindros de gas propano que se encuentran en mal estado, lo que podría generar en lamentables tragedias, susceptibles de evitar con la normativa en ciernes.
A ese riesgo innecesario a que se exponen especialmente las amas de casa de modestos recursos, se suma el dudoso peso del gas contenido en los cilindros, que afecta al deteriorado presupuesto doméstico.
Obtuve una copia del proyecto de Ley de comercialización del gas licuado de petróleo y protección de los consumidores, que se encamina a velar por el cumplimiento de normas que protejan la vida, la integridad física, la seguridad y los intereses patrimoniales de los consumidores y el medio ambiente; así como persigue establecer parámetros que garanticen la calidad y el despacho exacto del gas licuado, vacío que se observa actualmente.
Para cumplir esa regulación, las empresas distribuidoras identificarán los cilindros con color y logotipos específicos, a fin de que los consumidores no estén desamparados respecto al peso, precio y condición física del recipiente, puesto que podrán exigir el respeto a sus derechos al determinar el nombre de la compañía, la que, en todo caso, asumirá la responsabilidad civil por defectos de los cilindros, los que necesariamente deberá renovar.
La modernización del sistema de comercialización del gas licuado y la consiguiente protección a los consumidores, empero, ha despertado la sospechosa reacción negativa de ciertos grupos con intereses creados que apuestan por la inmovilidad; de suerte que, como lo indiqué en mi anterior artículo, el propósito podría quedarse en meras buenas intenciones, a menos que la Comisión de Energía del Congreso se sacuda de perversas presiones que atentan fundamentalmente contra las amas de casa cuyas posibilidades económicas son muy precarias.
(Romualdo leyó este otro letrero en el ancho bómper de un camión gasero: Adán y Eva no cometieron el pecado original, sino el pecado horizontal).