PALABRAS DE PAPELComunicación telefónica

EDUARDO P. VILLATORO

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Intentar comunicarse telefónicamente con un funcionario público no es tarea sencilla. Sobre todo si usted es una persona que no ocupa alguna privilegiada posición en cualesquiera organización política, social, académica o empresarial.

Cuando he pretendido tener la dicha de escuchar la voz de indistinto encumbrado burócrata, por la vía telefónica, lo primero que indefectiblemente me pregunta la secretaria es lo siguiente: ?¿De dónde lo llama??.

Como yo, en ese momento, estoy sentado frente a la computadora y con el teléfono a la mano en mi pequeño estudio, en medio de la enjundiosa jornada cotidiana, no tengo más remedio que responder: De la casa donde vivo.

Pero a la empleada de confianza no le satisface mi lacónica explicación, y por ello insiste: ?¿Pero representa a alguna institución o empresa??. Como no disfruto de ese singular placer me veo en la necesidad de decirle que ni siquiera estoy seguro de representar a mi familia, ya no se diga a los vecinos de mi cuadra.

Algo parecido me sucedió cuando intenté comunicarme con el Comisionado Presidencial para la Descentralización Administrativa. Durante más de una semana lo intenté, pero no pude escuchar la graciosa voz del señor Rokael Cardona, porque aparentemente siempre está de viaje o fuera de su oficina.

Sin embargo, la más vívida experiencia que tuve en esta área de la laboriosa burocracia guatemalteca fue en otra dependencia. Déjeme que le cuente, limeño.

Ocurre que estoy enfrascado en un trabajo de investigación acerca del acceso a la información, que, como señalan los autores argentinos Alicia Pierini y Valentín Lorences, ?resulta imprescindible para tomar debida nota de la situación del Estado y de la gestión que ejercen sus funcionarios?.

Y en virtud de que la Secretaría de Análisis Estratégico elaboró un proyecto de ley en torno al acceso a las fuentes de información, pensé que sería fácil obtener una copia de ese documento, por lo que hice la llamada del caso.

Consciente de que los altos funcionarios públicos no están en disposición de atender a cualquier mortal que tenga el abuso de llamarlos telefónicamente, a la señorita que atendió el aparato receptor le pregunté sin mayores protocolos si podía tener acceso a ?la iniciativa de ley acerca del habeas data?.

Debo haberla asustado porque exclamó ?¡Ay, Jesús, y eso qué es!?. En mi fantasioso derecho de ciudadano opté por solicitarle que me comunicara con el despacho del señor Secretario. ?No se puede -me dijo- porque parece que no está?.

En vista de ello le pedí que lo hiciera con el señor Sub-Secretario.

Después de ansiosos minutos de espera escuché la voz de otra señorita. Eso supongo. Nuevamente la consabida pregunta: ?¿De dónde lo llama??. Volví a decir mi versión: De la casa donde vivo. Como tampoco quedó satisfecha de mi respuesta, tuve que identificarme como periodista. Pero ni eso me valió.

Como en realidad lo que menos me interesaba era sostener una sosegada conversación con el alto funcionario de Estado, le pregunté a la secretaria si podía ayudarme en mis afanes de fracasado investigador social. Me proporcionó el nombre de la página web de la SAE.

Basándome en mi supuesto derecho de obtener información y con la ingenuidad que tanto me martiriza le comenté que afortunadamente yo contaba con el servicio cibernético; pero ese no era el caso de la mayoría de los guatemaltecos, y en tal sentido le pregunté si la Secretaría de Análisis Estratégico había impreso el documento en referencia, a fin de proporcionarlo a cualquier ciudadano que lo requiriera personalmente.

La amable señorita me dio a entender que ya había perdido suficiente tiempo conmigo, al advertirme.?Yo ya no tengo nada que hablar con usted?. Y colgó el artefacto telefónico. Con delicadeza, eso sí, aunque me dolió el tímpano…

Para mi infortunio, ese mismo día debía obtener información con otro funcionario de distinta dependencia del Estado, por lo que me vi obligado a llamar por teléfono. Se repitió la pregunta: ?¿De dónde lo llama??. Fastidiado de dar la misma respuesta se me ocurrió decir: ?De Masajes Lulú?.

Fui atendido de inmediato.

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