PALABRAS DE PAPELDe mal en peor
Usted se acordará de que en la anterior campaña electoral, una de las banderas que enarboló el FRG fue la referente al combate a la delincuencia, el crimen organizado y la violencia. Y la erradicación de la corrupción, por supuesto.
Con severidad, los dirigentes y candidatos del entonces partido opositor criticaban al gobierno del PAN por su lenidad para atacar esos flagelos, trayendo a colación reiteradamente la frustrada promesa del recién estrenado ministro de Gobernación de la época, respecto de que en el término de cien días, a partir de la toma de posesión de su cargo, ningún malhechor andaría suelto.
Claro que sólo fue una baladronada, pero los eferregistas se aprovecharon de las circunstancias para alcanzar simpatías de los electores, y no se quedaron atrás en sus jactanciosas ofertas, proponiendo al general Ríos Montt como el paladín de la cruzada nacional para alcanzar la seguridad pública.
La mayoría de los guatemaltecos depositó su voto en el bastión de la presunta reserva moral del FRG, en el convencimiento de que, por fin, se atacaría con denuedo a los delincuentes en general, pero especialmente a los secuestradores, violadores y asesinos, sin pasar por alto a los mareros, y menos aún, a los corruptos.
Transcurrieron ya casi tres años del gobierno del FRG y nada mejoró. Al contrario, ha empeorado con el transcurso del tiempo, y en la penumbra del arcaico palacio legislativo al parsimonioso adalid descubre que el incremento de la violencia es un fenómeno social generalizado en todo el mundo.
Para que no le digan que el mal de muchos es consuelo de tontos, el presidente del Congreso aludió delicadamente a la deficiencia del Ejecutivo, pero no se esmeró en ofrecer alguna lejana solución a ese develado fenómeno social que nos torna impotentes a aquellos guatemaltecos que, como desembarazadamente lo señaló Luis Aceituno en su habitual espacio de elPeriódico, tenemos la pésima costumbre de andar desarmados y sin guardaespaldas.
Pero, eso sí, el generalísimo tuvo el cuidado de desmentir que haya madrugado en su porfiada aspiración presidencial, pese a que en la televisión nacional (¡!) se escucha la subliminal música del papá y la mamá (de quién sabe quién) que están dispuestos a votar por Ríos Montt, devenido en reincidente prometedor de seguridad pública y honestidad administrativa.
(Un jefe policial le increpa a Romualdo: Mencióneme algún nombre de familiar, amigo o conocido suyo víctima de la violencia. Mi paisano replica: No más alcánceme la guía telefónica).