PALABRAS DE PAPELNigerianos al acecho

EDUARDO P. VILLATORO

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Cumplire hoy con varios lectores que me escriben, con el propósito de exponer advertencias y reclamos, y simplemente para presentarme sus saludos.

Comienzo con Égil Galindo, de Mazatenango, quien recuerda que hace algunos meses escribí dos artículos acerca de las argucias de hábiles estafadores de Nigeria que envían correos electrónicos o cartas vía fax a eventuales incautos, ofreciéndoles compartir millonarias herencias, a cambio de ciertas condiciones aparentemente fáciles de cumplir.

Quizá usted se acuerde de que yo recibí el e-mail de un supuesto príncipe que no sabía cómo gastarse la fortuna que había heredado, por lo que me pedía consejos, como si yo fuese experimentado inversionista.

Otro nigeriano me propuso un jugoso negocio, sin que yo tuviera nada que arriesgar. Sólo quería el número de mi tarjeta de crédito, para situarme la millonada de dólares prometida.

Naturalmente que no me dejé embaucar e intenté poner en alerta a mis lectores, pero algunos de los cuales, infortunadamente, ya habían sido engatusados, con la pérdida de decenas de miles de quetzales o dólares.

Pues don Égil, así como Juan H. Quiñónez, Mario Guzmán Juárez y Rebeca Jiménez indican que los nigerianos atacan de nuevo, por lo que advierten a los lectores que no vayan a ser víctimas de estos estafadores cibernéticos.

Por aparte, Carlos Alberto Gómez, de la zona 18 capitalina, se queja de los abusos que, según su experiencia, comete Telgua al imponer contestadoras en los teléfonos residenciales, sin siquiera haber instalado los respectivos aparatos de grabación, aprovechándose de la indefensión de los usuarios.

Don Carlos abunda en ejemplos y también se queja de las empresas que tienen contestadoras automáticas y que cuando uno llama lo dejan esperando mucho tiempo, previo a presentar el consabido menú de opciones, hasta que finalmente responde la voz de una mujer de carne y hueso.

Me escriben, además, doña Esperanza de Garrido, quien se queja del pésimo servicio del transporta urbano; el señor Jacinto Arriola denuncia la incompetencia de las autoridades edilicias de Mixco, y don Rufino Godínez López echa pestes contra los diputados en general, sin excepción.

También acuso recibo del mensaje de mis amigos Roberto e Itálica Cordón a quienes presento mi fraternal y rememorativo saludo.

(Pancho, lector de esta columna, le pregunta a Romualdo, quien viajó a Quetzaltenango, cómo está la temperatura en Xela. Éste le dice: A cero grados. Paco repone: ¡Qué bueno, ni frío ni caliente!).

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