Palabras de papelPreciso, cabal y libre
Probablemente es el periodista que más influencia ejerció durante la segunda mitad del siglo pasado en el buen decir o buen escribir de los guatemaltecos. Se llegó a comentar a manera de pretendida broma, pero con indudable ingrediente de certeza, que muy pocos como Pedro Julio García para obligar a muchos de sus lectores a comprar un diccionario y tenerlo a la mano a la hora de leer los editoriales que durante años escribió en Prensa Libre.
Escrupuloso en la exacta aplicación del término. Puntual en la exposición de sus argumentos. Preciso en la articulación gramatical, cabal en la delicada ubicación de la palabra y libre en su diversidad creativa. Por ello, la lectura de los editoriales a su cargo, para su asiduo lector se convertía en atrevido ejercicio idiomático que invitaba a la reiteración de involuntario aprendizaje.
Pero esta característica de Pedro Julio, cuyo nombre de pila muchos de sus discípulos, amigos o compañeros de oficio solíamos decir a secas -pese a distancias generacionales-, sólo fue una de las virtudes que completaron su larga trayectoria, marcada por su profundo respeto a la libertad de expresión.
Aun para quienes idealizamos el período revolucionario de los gobiernos de Arévalo y Arbenz, la decisión de Pedro Julio de rechazar la insensata pretensión de violentar su libre albedrío, corresponde a un acto de dignidad que también levantaron con presteza Mario Sandoval Figueroa, Salvador Girón Collier y Alvaro Contreras Vélez, a quienes meses después se les uniría Isidoro Zarco, para emprender en 1951 ese prolongado camino que ha recorrido este diario durante media centuria.
No tuvo que se estrecha mi amistad con Péter, como confianzudamente también le decían sus íntimos, para comprender su entereza moral y reciedumbre cívica, aunada a su lealtad al periodismo. En más de una oportunidad compartimos jornadas en el seno o a extramuros de la APG -la que ambos presidimos en distintas épocas-, y a veces en diferentes trincheras y no siempre en feliz coincidencia ideológica, pero sí constantemente en derredor del mismo objetivo, fincado en la libre expresión del pensamiento y el respeto al derecho de informar y ser informado.
Pedro Julio García ha muerto. Le dijimos adiós la semana pasada, casi sin llanto ni alarmantes pesares, como si hubiese emprendido un largo viaje. Con resignación ante los designios del Altísimo.
Deja una hermosa herencia en las páginas informativas y de opinión de Prensa Libre, y en la firme voluntad mediática de Dina Fernández, legítima heredera de la esforzada visión libertaria de su abuelo.
(Romualdo recuerda a PJG con estas palabras de Santiago Ramón y Cajal: ¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o nunca amaste la justicia?).