Palabras de papel¿Qué haría Jesús?
No recuerdo el nombre del autor, pero sí el título del libro. ?En sus pasos?. El leiv motiv podría ser la pregunta que se haría cualquier cristiano cuando deba tomar una decisión que afecte a sus semejantes: ¿Qué haría Jesús en mi lugar?
Esta sencilla interrogante ha tenido su inequívoca respuesta en el corazón de aquellos empresarios que, nacidos en hogares pletóricos de principios bíblicos, en plenos festejos navideños no han protestado ni rechazado furiosamente el escandaloso aumento del salario mínimo, a razón de tres quetzalotes diarios.
Esta noche, al celebrar el nacimiento del Hijo de Dios y participar en su servicio religioso, quienes están dispuestos voluntariamente a mejorar los salarios de sus empleados, obreros o campesinos, no se sentirán aludidos con la sentencia de Jesús: ¡Ay de vosotros, hipócritas!, porque diezmáis la menta, el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante: la justicia, la misericordia y la fe.
También se enternecerán al escuchar al sacerdote o al pastor repetir Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Y no os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan, sino haceos tesoros en el cielo, porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Quizá se remonten a los proverbios de la vieja Biblia olvidada en una gaveta del escritorio de roble y se conmoverán al leer: El alma generosa será prosperada, y el que saciare, él también será saciado. El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor, mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra.
Tomarán en cuenta estos otros proverbios: Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que el buey engordado donde hay odio. Mejor es lo poco con justicia, que la muchedumbre de frutos sin derecho. Mejor es un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones. A Dios presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar. El que sembrare iniquidad, iniquidad segará, y la vara de su insolencia se quebrará.
O dirán a voz en cuello con el amado Jesús en el evangelio de San Lucas: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor.
(Por nuestra parte, esta noche Romualdo y yo exclamaremos con el profeta Isaías: ¡Regocíjate y canta, oh moradora de Sión, porque grande es en medio de ti el Santo de Israel!).