PALABRAS DE PAPELRetórica presidencial

EDUARDO P. VILLATORO

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Si alguien se distingue por su fraseología grandilocuente es el presidente Portillo. Más que aficionado, es adicto a la retórica rimbombante.

No desaprovecha oportunidad para entrelazar su prosa con abundantes giros gramaticales, lo que debería levantar la deprimida autoestima colectiva de los guatemaltecos. Siempre que el lenguaje florido estuviese ligeramente emparentado con leves impulsos del gobierno que encabeza.

Esa golosa inclinación al párrafo engalanado se evidenció en la celebración de la independencia. Ante diputados oficialistas y opositores, magistrados y embajadores, el prosódico señor Portillo se adornó.

Sin temblarle la voz, el mandatario explicó que a cada problema que atraviesa el país debe llamársele por su nombre, y en atención a esa precisión fue que advirtió que ?al estado de precariedad en que sobrevive la mayoría de nuestra gente la llamamos pobreza, y no la escondemos?. Por supuesto, y aunque se hiciera ocultar no se podría, y de nada serviría.

Ahí están, por ejemplo, los habitantes de la aldea El Porvenir, en San Lucas Tolimán, a donde acudió victorioso el vicepresidente Reyes López, para increpar a los deudos de las víctimas del deslave, por cometer la imprudencia de vivir en lugar tan peligroso. Parecida al imperdonable descuido de quienes se atreven a vivir en los barrancos que rodean la capital, habiendo tanta oferta de lotificaciones con terrenos planos y firmes.

O townhouses, para los más gregarios. Sin titubear, el presidente aseveró, entre otras afirmaciones que dejaron patidifusos a los concurrentes, que ?a la apropiación indebida de los recursos del pueblo, a la especulación con el dinero de la gente, a las políticas que favorecen a unos cuantos le llamamos corrupción y captura del Estado?.

También se le podía denominar de otra manera, pero lo que importaría, al fin y al cabo, es que hubiera el serio propósito de erradicar la corrupción, comenzando con la destitución de funcionarios sinvergüenzas y su inmediata consignación penal, porque limitarse a pedirle la renuncia a unos cuantos pícaros y después dejarlos que se vayan a sus casas a disfrutar del dinero mal habido, ni siquiera es un paliativo, excepto que éstos dejan de robar, para que sean sus sustitutos los que reinicien la rapiña.

Intenso el discurso presidencial. Para deslumbrar y cosechar efímeros aplausos.

(Al oír al gobernante, Romualdo se acordó de la cita atribuida a Konrad Adenauer: ?Todos los órganos humanos se cansan alguna vez, salvo la lengua?. Aunque depende, también).

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