No quiero ser aguafiestas ni parecer un porfiado inconforme, pero debo hacer una advertencia, para que se tomen las prevenciones del caso.

Acompáñeme.

El pasado fin de semana con miembros de su familia estuvimos en Santa Lucía Cotzumalguapa, para participar en la boda de Omar Sáenz, un muchacho amigo nuestro, quien desposó a la guapa Yisel. En el jolgorio me abordaron varias amas de casa, quienes, además de duras expresiones contra el Gobierno del FRG, mostraron su satisfactoria sorpresa porque ?insólitamente?, según sus palabras, una empresa ha bajado el precio de sus productos y me dijeron que por lo menos esta vez yo debería escribir algo positivo y no ser ?tan amargado?.

Se referían a la información del martes 11 en la sección Negocios, de Prensa Libre, acerca de que ?ZetaGas anunció una rebaja promedio de Q7? en el gas propano, derivado, entre otros factores, de la caída de los precios internacionales del petróleo, fenómeno descendente que se aprecia menos en las gasolinas.

Al día siguiente de la boda, el domingo 16, mientras esperaba en el auto y con los diarios a la mano a que mi mujer y mi nuera hicieran sus compras en el mercado, escuché al excesivo y eufórico locutor de una radio local asegurar que la mencionada rebaja ?es como un regalo de navidad para los pobres?.

Sonreí porque no es para tanto, aunque acababa de leer en Siglo Veintiuno el artículo de Roberto Oliva elogiando esa decisión comercial, al igual que lo hizo ayer el colega Jorge Palmieri en elPeriódico, así como un colaborador de Prensa Libre. Pero ya se me está olvidando lo de mi inconformidad, no con la multicitada rebaja, que debo reconocer que favorece a la clase popular, sino con dos asuntos ligados con este mismo tema del gas propano.

Uno de ellos, es que expendedores llamados independientes se están haciendo la brocha, al mantener los valores anteriores, aunque lo paguen a menor precio a la compañía distribuidora. El otro, es mucho más delicado y se refiere a que miles de cilindros de gas no cumplen con las medidas de seguridad adecuadas y representan un peligro latente, sobre todo a familias de menores ingresos.

El problema es complicado, porque esos envases metálicos son propiedad de los mismos usuarios, y la mayoría de éstos no tiene suficiente capacidad económica como para renovarlos. Este asunto debe atenderlo el Ministerio de Energía, con la colaboración de las compañías distribuidoras de gas, especialmente la que ha rebajado los precios de su producto, si quiere ser fiel a su política de empresa con sentido social y que ha logrado eliminar el monopolio que prevalecía en esta actividad mercantil.

(El ginecólogo, al concluir el parto, le dice al expendedor de gas: El niño está bien, pero le tuvimos que poner oxígeno. El papá reclama: ¡Y yo que le quería poner Romualdo!).

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