PALABRAS DE PAPEL¿Y quién es él?
¿Se acuerda de esa vieja canción romántica que estuvo en boga allá por la década de los setenta?.
Siempre que usted sea adulto mayor, por supuesto, y que en ese entonces haya estado enamorado. O abandonado por la mujer amada.
Si es así, recordará, asimismo, que el cantante español José Luis Perales también se preguntaba al ritmo de la melodía ?¿y cómo es él??, y después remataba respondiéndose a sí mismo ?es un ladrón que me ha robado todo?.
Estas añoranzas vienen a mi nostálgica memoria a propósito de un reciente editorial de Prensa Libre, con el prosaico titular ?Riesgo de elegir un mal Contralor?, que advierte que el eferregismo está tejiendo una trama para nombrar en ese cargo a un ?incondicional, que se haga de la vista gorda ante los frecuentes fraudes en contra de los intereses del Estado?.
Seguidamente, traza a grandes rasgos la personalidad ideal de quien suceda al actual jefe de la Contraloría, y recomienda que debe ser ?probo, intachable, sereno y valiente?, además de ?suspicaz, capaz de detectar la podredumbre en el menor parpadeo, tolerante ante las críticas y respetuoso de las ideas que enriquecen su ejercicio?.
Luego, el editorial delinea las perversas características de quien no debería ocupar ese cargo durante el próximo período.
A causa de esa imaginación prejuiciosa que a veces me asalta, mientras avanzaba en la lectura, por extrañas razones que no estoy en capacidad de explicar, me vino a la mente el nombre y la imagen de un conocido funcionario que, se supone, le cuenta las costillas a los servidores públicos y a las instituciones del Estado, y cuya efigie suele aparecer en los diarios y en la tele con anteojos oscuros, al mejor estilo de Wesley Snipes en el Cazador de vampiros.
En más de una ocasión, también, se le ha visto con gruesas cadenas de oro colgando sobre su pecho, cual decadente tigre del norte.
Esa evocación se afianzó cuando leí que el futuro Contralor debe ser ?recatado en su hablar, su vestir y sus modales, para no dar la apariencia de llevar una vida licenciosa parecida al derroche de los hampones incultos forrados de oro, pero que no disimulan su ignorancia?.
Sin aludir a ningún funcionario de descuidados bigotes a lo Pancho Villa, retratado a la par de Siete Leguas, el editorial enfatiza que el nuevo Contralor no tiene que ser ?insolente, imprudente, intolerante, prepotente e inmoral?.
¿A quién está aludiendo subliminalmente el editorialista?, me preguntaba con ansiedad. ¿O sólo serán ideas más?. Mal pensado que es uno.
(Romualdo le aclaró a un contralor de cuentas asignado a cierta institución, que un cura pedófilo no es quien expele gases constante y ruidosamente).