PersistenciaJusticia o venganza
Cuando vi desplomarse las dos torres de Nueva York, sentí que dentro de mí algo moría. Primero el espanto y después la depresión. El mundo había cambiado, después de los atentados terroristas en Nueva York y Washington, nada sería igual. Porque estos atentados no iban dirigidos únicamente en contra de Estados Unidos sino de la humanidad entera.
Nueva York es la capital del mundo. El lugar de encuentro de todas las nacionalidades, punto clave en donde se dan cita todos los movimientos económicos y culturales de Occidente y Oriente. Y se esté o no de acuerdo con la política de Estados Unidos, no cabe duda de que nunca antes la democracia ha adquirido tanta fuerza y validez como en ese país. Y, en una u otra forma, la humanidad entera gira a su alrededor. Para bien o para mal. No en vano es la primera potencia del planeta.
Profundamente dolidos e indignados, es natural que los norteamericanos pidan venganza. Porque justicia y venganza vienen siendo sinónimas. Para el mundo griego antes de Sócrates, enemigo de la hipocresía, la justicia (?dike?) estaba ligada a la venganza (?tisis?). Pero esta justicia iba dirigida únicamente al culpable del crimen cometido, no a inocentes. La ira iba encaminada a la persona responsable de la maldad.
¿Qué otra pasión hay más fuerte que la ira? El humano enfurecido se ciega de cólera y es capaz de cometer los actos más deplorables. La venganza de uno enciende la ira del otro que también se quiere vengar, y así sucesivamente, como lo que está pasando entre judíos y palestinos. Y la peor forma de dar salida a la ira es el terrorismo, la tortura y el asesinato.
Matando y haciendo sufrir al prójimo es como se calma este devastador sentimiento que se alberga en el corazón humano. Y no hay enemigo pequeño. Una sola persona o un limitado número de personas pueden terminar con la humanidad y con la vida en el planeta Tierra.
Desde finales del siglo pasado, nos encontramos con una de las peores enfermedades que aqueja al hombre: el terrorismo. Lo tremendo de esta enfermedad es que el victimario, al no poder dirigir su ira en contra del culpable o los culpables, se goza en matar a inocentes. Es una manera vil, infame y cobarde de dar salida a la rabia. Ahora bien, más que la mujer, es el varón el que comete estos actos de maldad insólitos.
Lo mismo que los asesinos en serie, aquellos que buscan entre los inocentes a sus víctimas. ¿Es que el corazón del hombre encierra más maldad que el corazón de la mujer? Y si es así, ¿cuál es la causa psicobiológica?
El solo hecho de pensar que en todas partes del mundo hay terroristas, da pánico. Porque ningún país está libre de ellos. Con razón hablaba Nietzsche de ?la enfermedad llamada hombre?.