PUNTO DE ENCUENTRO – Cuba revolucionaria
El 1 de enero de 1959, y después de años de resistencia y rebeldía contra el régimen del dictador Fulgencio Batista, se concretó el triunfo de lo que hoy conocemos como la Revolución Cubana. Cincuenta años después, vale la pena reflexionar sobre lo que ha sido para Cuba, para América Latina y para el mundo este proceso revolucionario. Basta ver los índices de desarrollo humano de la isla para darse cuenta de los principales frutos de la Revolución: educación, salud, vivienda y necesidades básicas completamente satisfechas; oportunidades para todos, sin distingo de ninguna clase; posibilidad de desarrollo integral en ámbitos tan diversos como el social, cultural, científico y deportivo.A pesar de las enormes dificultades económicas, causadas principalmente por un embargo impuesto hace décadas por Estados Unidos, cuyo fin principal es terminar con el régimen cubano, y después de haberse quedado sin su principal socio comercial, ante el derrumbe de la Unión Soviética, la Revolución ha continuado y se ha fortalecido. Hubo quienes anunciaron su fin cuando se conoció la enfermedad y la posterior renuncia de Fidel Castro, y hoy han tenido que guardarse las palabras, ante la continuidad del proceso que tiene como punto de apoyo central al conjunto de la sociedad cubana. Esta revolución, que ha sido un dolor de cabeza para el país más poderoso de la Tierra, también ha sido una especie de bastión para otras sociedades y regiones del mundo, a las que se les ha apoyado de diversas maneras: desde la lucha contra el régimen del apartheid en Sudáfrica y la liberación de Angola, hasta la ayuda humanitaria frente a la devastación provocada por huracanes o tormentas en América Latina. En Guatemala, la cooperación de Cuba ha sido increíblemente valiosa, y se ha traducido en la reducción de los índices de mortalidad materna e infantil, en la devolución de la vista y la atención de problemas oftalmológicos de cientos de compatriotas de escasísimos recursos, a través de las brigadas médicas y la construcción de tres centros hospitalarios. Qué decir del éxito alcanzado con el programa de alfabetización Yo sí puedo, en varias regiones del país, o del apoyo para que jóvenes guatemaltecos culminen una carrera universitaria, a la cual no hubieran podido acceder en Guatemala. Esa es cooperación solidaria para el desarrollo, de un país y una sociedad que no se han quedado con su revolución, sino la han compartido. Si el proceso revolucionario cubano se hubiera truncado, hoy estaríamos frente a otro Haití, o frente a una sociedad tan desigual como la nuestra —en donde cinco de cada 10 niños padecen de desnutrición crónica—. Los muertos tras los huracanes que azotaron la isla este año se contarían por miles, y los titulares darían cuenta de cómo un país miserable se debate entre el hambre, la enfermedad y los “desastres” naturales. Muy por el contrario, presenciamos un pueblo digno, que no agacha la cabeza, que sigue peleando para mantener su revolución y la condición de ciudadanos y de sujetos de derechos que tienen sus habitantes. Cincuenta años después, esa es la Cuba revolucionaria que celebramos, ese es el proceso que nos demuestra que construir otro mundo y otra sociedad es posible, y que nos mantiene viva la utopía. Con sus errores y con sus grandes aciertos, el 1 de enero hay un motivo importante para celebrar y abrazar al pueblo cubano, por 50 años de lucha, de dignidad y de victoria.