El quinto patio¿El nuevo Reich?
Según lo que se puede ver en las cadenas noticiosas, en los reportajes de la prensa europea, en las protestas de los grupos humanitarios dentro y fuera de Estados Unidos, y en la preocupación de algunos gobiernos democráticos, esta nueva campaña bélica contra el terrorismo se encuentra a medio camino entre el nazismo y una rara cepa de neoimperialismo.
A pesar de que muchos ciudadanos defienden aún la postura intransigente y amenazante de Bush -quizá porque todavía se encuentran bajo la influencia de las imágenes terroríficas de las torres gemelas derritiéndose como dos gigantescas velas de sebo- el tema no es tan simple como lo plantea el Presidente norteamericano, ya que la gente no se divide necesariamente entre terroristas y patriotas (de Estados Unidos, se entiende, aunque aquí entra a la fuerza el planeta entero).
También existen personas que dudan razonablemente y no logran alejar el temor de que esta guerra en contra de un país paupérrimo y abandonado, puede no ser sino una excusa para invadir a Irak y plantar la bandera de las barras y estrellas en una latitud que hasta ahora ha sido poco menos que inaccesible para el poder occidental.
La actitud de los ejércitos occidentales, según se ha evidenciado a través de las pantallas, responde de una manera singular al esquema del invasor extranjero: establecer el miedo como una sombra sobre un pueblo considerado enemigo de manera global. Así sucedió en contra de los japoneses y los coreanos, los vietnamitas y los rusos, que por el solo hecho de pertenecer a otras etnias y a un hemisferio contrario, fueron profusamente satanizados a través de todo mecanismo cultural disponible, Hollywood a la cabeza.
La persecución contra los musulmanes que viven en el país del norte es, de igual manera, una violación flagrante a los derechos humanos. Aunque ese gobierno lo negó rotundamente poco después del 11 de septiembre, el acoso es una realidad en la unión americana. Peor aún, éste ha sido justificado con cinismo por las autoridades del FBI, que reconocen abiertamente el hecho, arguyendo que las ?investigaciones? y los interrogatorios están fundamentados en el hecho de que estos ciudadanos, en su mayoría nacidos y educados en Estados Unidos, pertenecen a la misma etnia y religión de los terroristas que atacaron al país.
La lógica es abrumadora. También el simplismo. Sobre todo por su semejanza a los argumentos que esgrimían las SS cuando acosaban al pueblo judío en las calles de Berlín, Praga o Budapest, en los que destacaban el odio racial y la intolerancia religiosa detrás del panegírico a la civilización occidental y cristiana.
Las imágenes de Bush rodeado de soldados estadounidenses con el brazo en alto prometiendo venganza, son una nueva versión del pasado y, si no termina este odio, serán la versión del futuro.