El quinto patioLa cadena del terrorismo

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Las inconcebibles escenas de dos aviones estrellándose contra las torres gemelas de Nueva York, nos han despertado de un sueño cómodo en el que éramos invulnerables a las salpicaduras del odio entre oriente y occidente. Porque dejemos en claro que en esta historia, como en cualquier historia de política internacional, no hay malos y buenos, como se pretende hacer creer en las películas de vaqueros o en los discursos del presidente Bush.

Aquí encontramos de todo, y el hilo podría conducirnos a territorios que hasta ahora los analistas y expertos en política internacional no han explorado, por lo menos no en público: ¿Cómo los terroristas han logrado infiltrarse en el corazón de su sistema? ¿Cómo abren un camino indetectable en medio de estrictas medidas de seguridad? ¿De dónde obtienen las armas para sus ejércitos? ¿Quiénes los apoyan desde occidente?

Explicaciones y soluciones simplistas surgen por cientos: ?que acaben con el terrorismo arrasando a los Estados que los cobijan?, ?muerte a los fundamentalistas islámicos, a los musulmanes y a todos los árabes fanáticos y asesinos?, claman algunos en el colmo de la ingenuidad.

Sin embargo, no es más muerte lo que reclama la justicia sino una búsqueda efectiva de soluciones que permitan retornar a un cierto equilibrio mundial y que ayude a erradicar los profundos abismos entre etnias e ideologías, entre el bloque de las naciones poderosas y el nudo gordiano de la injusticia en las menos favorecidas.

Acontecimientos como este ataque artero nos vuelven a la realidad, y nos dicen claramente que nada en este mundo es casual, no por lo menos cuando se trata de asuntos de política y poder.

En las primeras reacciones del gobierno norteamericano hay mucha indignación y deseo de venganza, lo que representa un peligro latente. Lo que menos se necesita son actos de represalia irreflexivos, que sin duda cobrarán más vidas, tan inocentes y ajenas al conflicto como las de aquellos que perecieron el martes pasado en los Estados Unidos.

Los gobiernos europeos y estadounidense deben actuar con determinación, pero sin dejar de buscar una fórmula que conduzca hacia un retorno a los valores humanitarios, que en esta magna construcción de sistemas de defensa, demostraciones de poder y amenazas de muerte, han sido completamente marginados.

Estas operaciones impecablemente realizadas por terroristas que, literalmente, dedican su vida a destruir a sus enemigos, y a todos aquellos que lo apoyen, han demostrado que la confianza en el propio poder ha sido un error muy costoso.

Los servicios de inteligencia apoyados por la mejor tecnología del mundo, han sido incapaces de detectar un plan que posiblemente se ha gestado durante años. Y ahora, incrédulos, los habitantes de la nación más poderosa del mundo buscan a quién culpar por esta violenta declaración de guerra.

Lo que toca ahora a los líderes del mundo es comprender que no es sembrando más odio como van a detener esta escalada de terror que tiene en vilo a la humanidad.

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