SENTIDO COMÚN – El costo del progreso
Es común que a lo largo de la vida las personas cambian de quehacer, abandonando conocimientos que se convierten en obsoletos, menos provechosos que lo nuevo. Los pueblos prosperan adoptándose a mejores maneras de hacer las cosas, con mejor herramienta, automatizando. Pero es importante resaltar que los cambios solamente ocurren porque para la sociedad sus beneficios son mayores que sus costos, y no porque no tengan costos. Si no se cambia, no se progresa. Esa es la realidad de la vida y del mundo. Y, como dijo el sabio Albert Einstein, “si seguimos haciendo lo mismo no podemos esperar resultados distintos”. Si deseamos cambiar el país, tendremos que mejorar el sistema de gobierno y aceptar los ajustes necesarios, lo cual para algunos tendrá desventajas a corto plazo, pero, a la larga, también esas personas, con contadas excepciones, sus familias y sus descendientes, se beneficiarán de los cambios. Todo cambio implica un costo. Cuando se inventó la electricidad, perjudicó a cazadores de ballena y leñadores, porque la iluminación doméstica y calor para cocinar se obtenían con aceite de ballena o leña. Cuando se inventaron autos y camiones, los fabricantes de carruajes tuvieron que dedicarse a otra cosa. Cuando hicieron puentes sobre ríos, lancheros tuvieron que cambiar de oficio. Las computadoras sustituyeron a muchos contadores que usaban calculadoras manuales, y a dibujantes de planos arquitectónicos, que tuvieron que cambiar. Muchos periódicos han cerrado porque personas están leyendo las noticias por Internet. Cuando la industria absorbió trabajadores del campo, los agricultores invirtieron en tractores, y cuando se inventaron los robot para la industria, muchos trabajadores industriales tuvieron que cambiar de empleo. Y si inventaran la píldora para evitar todas las enfermedades, los médicos se quedarían sin pacientes y tendrían que ganarse la vida de otra forma. El economista Joseph Schumpeter llamó “proceso de destrucción creativa”, porque cuando un servicio se automatiza o surge algún sustituto que conviene más a la sociedad, se destruye algo que hasta el momento tenía valor.Cuando un país es gobernado por legislación cuyo objeto es satisfacer intereses y no para proteger los iguales derechos de la gente, resulta perjudicado el país entero, porque solamente puede haber prosperidad general cuando las leyes respetan principios de conducta recíprocos, aplicables a todos por igual, y no hay distinción ante la ley para favorecer intereses de ninguno, observando la máxima de Confucio, no hagas a otros lo que no quieres te hagan a ti. Es decir, igualdad ante la ley y no igualdad de resultados. Por tratarse de principios morales y recíprocos, y no de intereses, es posible aceptarlos casi por unanimidad, sabiendo que tendremos que aceptar las consecuencias —los costos—, puesto que todos los actos ajenos afectarán nuestros intereses en alguna forma. La neutralidad económica de las leyes es esencial para la eficiente asignación de recursos humanos y naturales, porque la discrecional falta de neutralidad desvía el aprovechamiento de los recursos y de esfuerzos, a propósitos distintos a las genuinas prioridades de la población, libremente manifestada con su participación en el mercado. Las diferencias de resultados debido a las desviaciones arbitrarias causa pérdidas sociales irrecuperables, y el resultado se llama pobreza.