Sentido común¿Funciona la democracia?
¡Cuánto le ha costado al mundo aprender que la Democracia no basta, que la democracia es un medio para garantizar libertad, para protegerse de despotismos y no para legitimizarlos!
Lo que está costando aprender es que la democracia no funciona de cualquier manera. La democracia no es para todo, por ejemplo para determinar si los seres humanos tienen derechos o no. Así como la verdad no se encuentra contando votos, el derecho a la vida y al derecho de sustentarla por medios pacíficos tampoco es cuestión de votos.
No funciona cuando en un extremado afán democrático sistemáticamente se busca consensos sobre las actividades del gobierno, tratando de quedar bien con el mayor número de grupos de interés. Tampoco funciona cuando el gobierno no se comporta dentro de normas establecidas, generales y abstractas y consecuentemente quedamos a merced de la discreción de los hombres sabios y honrados en los que siempre fincamos, ingenuamente, nuestras esperanzas.
En el afán de fomentar la democracia en todo el mundo y para todo, sus promotores se olvidaron, o desconocen, que el enemigo real es el despotismo, y que de hecho hay despotismos, autoritarismos y dictaduras democráticamente electas.
Vemos cómo gobiernos empobrecedores y despóticos ocurren indistintamente si son electos o no, y también vemos lo contrario, cómo algunos gobiernos no electos fueron ejemplos de prosperidad pacífica.
Es decir, el método de escoger al déspota no importa. Gobiernos en América Latina, honestos o no, con pocas excepciones producen las mismas desgracias para sus habitantes. La pregunta es ¿cuántas desgracias está obligado un pueblo a aceptar en el altar de la democracia como se entiende hoy?
Cómo hacer funcionar una democracia es un tema al que no se le pone la atención que merece a pesar de que la decepción con la democracia se extiende cada día más a medida que se observa y sufre cómo han destruido y siguen destruyendo las posibilidades de una vida mejor para sus habitantes.
Aparentemente, muchos profesan la democracia por convicción ingenua de que es un fin y no un medio, o porque no han considerado cuáles deben ser sus límites, o por temor a regaños de los EE.UU., o a las sanciones (cuyos efectos se exageran) de la Organización de los Estados Americanos, o de otros que dirán