SENTIDO COMUNImponiendo sus designios
La historia de los países pobres nos enseña que sus economías han sido objeto de la imposición de promisorias ideas de alguna persona que sinceramente cree que debe cuidar de los asuntos privados de los demás, tales como su comercio, educación, relaciones laborales, forma de ahorrar, etc., y antaño, también su religión (algún día también habrá que separar del Estado la economía).
Los desastres de América Latina son herencia de una cultura que comienza con el mercantilismo colonial y continúa con variados tipos de mercantilismo ideológico (Cepal, Perón o Keynes, FMI, etc.), todos con el común denominador de someter a los pueblos a los designios de una persona o minúsculo grupo de iluminados con buena retórica. Los gobiernos impiden por la fuerza de las leyes que la gente resuelva sus problemas económicos actuando en paz y libremente, sin su intromisión económica.
Unos dicen: “El modelo está agotado”; otros, que hay que probar un tercer camino. Otros recomiendan cuidar la macro, manipulando el crédito, la moneda, el fisco y la paridad. Otros, que hay que manipular el comercio, con medidas discriminatorias como las de los tratados de dizque libre comercio, con listas de excepciones, reglas de origen, aforos distintos, registros y controles que dicen son necesarios. (Una prueba empírica que demuestra que no son necesarios es que entre los 50 estados de EE.UU., que equivalen a un globo de 50 países que juntos producen y consumen el 32% de lo que produce el globo terrestre, no existen controles aduanales).
Otros hablan de capacitar a todos por ley, cuando una simple lectura de la prensa diaria nos brinda muchos y variados ejemplos de ofertas de educación pertinente y útil sin que sea motivada por los gobiernos. Y así, a diario nos tratan de convencer de cómo hay que usar el poder político delegado acorde a la democracia como se entiende hoy día, es decir, como poder sin límite otorgado cada cuatro o cinco años por votación democrática, no para proteger nuestros derechos y libertades, sino para imponernos su modelo.
Los partidos políticos compiten para usar el poder para imponer sus designios económicos a los demás, y no para hacer prevalecer la justicia y normas de conducta respetuosa.
Si no fuese por esa imposición general de modelos, ¿cómo se podría explicar el fracaso de naciones enteras? Obviamente, si no son libres, la libertad no puede ser la causa de su pobreza. Además, ya está probado que mientras más libres, más prósperos son los pueblos.
Entonces, ¿por qué no probar la libertad? ¿Por qué obligar a la gente en desesperación a escaparse del gobierno a la economía informal? Cuando a los políticos no se les ha dado el poder de imponer sus ideas, las cosas funcionan bien, porque las equivocaciones afectan solamente a quienes se equivocan.
A quienes no les va bien, forzosamente tienen que abandonar la idea, pero no habrán arrasado con el bienestar de todos, como vemos hoy en Argentina, Cuba y otros países otrora ricos.
La realidad es que nadie sabe tanto que justifique imponer su modelo a todos los demás. Vuelvo a citar el ejemplo de la necesidad social más importante, más complicada, más precaria e importante: la producción y distribución de alimentos diarios para todo habitante.
Denle gracias a Dios que los que saben tanto escogen entrometerse en actividades como electrificación o banca, en las que ciertamente sus errores nos empobrecen, pero si fallaran en el proceso de alimentarnos, no contaríamos el cuento.