SENTIDO COMUNPolítica de comercio internacional
Uno de los problemas de las negociaciones comerciales entre países se debe a que gobiernos subsidian sus productos, distorsionando así el mercado y, consecuentemente, los productores de otros países reclaman que ello constituye competencia desleal, contra lo cual no pueden competir.
Aseveran que están en disposición de competir en un mercado libre de interferencias, con reglas claras y recíprocas, con mesa nivelada e igualdad de condiciones, sin restricciones de importación para productos que compiten con los propios.
Hace treinta años, cuando vino a Guatemala el economista chileno Teodoro Fuchs, le preguntaron qué había sucedido con las industrias que necesitaban protección cuando unilateralmente bajaron su arancel a 10%, y respondió que surgieron industrias que clasificaron como inverosímiles, porque a nadie se le hubieran ocurrido.
Ello, en respuesta a la legítima inquietud de qué ocurrirá el día que quitásemos las aduanas, pues nadie puede predecir qué hará la gente. Lo que no se debe impunemente imponer a un país es evitar un cambio a todas luces conveniente por la razón de que no se sabe con certeza todo lo que va a ocurrir. Sería mucha pretensión de conocimiento querer saber qué va a ocurrir cuando se eliminen obstáculos artificialmente impuestos.
Lo que sí se puede saber es que la gente tendrá más opciones: será menos pobre. Cuando alguna intervención se hace deliberadamente para impedir que los consumidores opten por una alternativa más barata, obviamente la gente tendrá menos recursos para comprar otras cosas. El mercado de algunas empresas se habrá sacrificado para fomentar el de otras cuya escala de producción mermará. También, la actividad así fomentada desplazará del mercado de recursos (principalmente de capital y de tierra), a otras, porque no existe actividad o uso de recursos que no haya desplazado a otra. Todo tiene costos de oportunidad.
Simplemente, no existe un mundo libre de interferencias, con reglas claras y recíprocas, con mesa nivelada e igualdad de condiciones. El cosmos no es ni ideal ni justo: el estado natural del ser humano es la abyecta pobreza, la riqueza es artificial, el universo se caracteriza por infinita variedad de interferencias humanas y de limitaciones naturales físicas y fisiológicas de toda índole, que por no estar bajo nuestro control tenemos que aceptar. Para satisfacer nuestras necesidades de consumo, adaptamos nuestras actividades productivas a las reales condiciones del mundo, en la misma forma como si hubiesen sido impuestas por seres humanos. El fin es consumir y producir es el medio.
Igualmente, si los Gobiernos de otros países cobran impuestos a sus contribuyentes para regalarnos parte o todo de los productos que deseamos, lo debemos aprovechar para usar nuestros recursos en otras cosas (¿inverosímiles?) de las tantas que carecemos y que no podremos tener si utilizamos recursos precisamente para no aprovechar la luz del sol. ¿Acaso pediríamos reciprocidad si algunos países prohíben comprarnos tamales? ¿Acaso hay un inexorable mandato a usar nuestros recursos para hacer tamales?
Como poco podemos modificar el cosmos o la política de otros Gobiernos, aprovechemos realísticamente nuestros recursos de acuerdo con nuestra ventaja comparativa (que es muy distinto a ventaja competitiva). Si queremos disminuir pobreza, eliminemos obstáculos artificiales para que nuestra gente tenga más opciones con la menor cantidad de recursos, y así liberar la mayor cantidad de los mismos para otras cosas. No olvidemos que las restricciones al comercio son en contra de nuestra gente y no de los extranjeros.