SENTIDO COMUNSi se quiere, se puede
Ya fracasamos otro año. Los que llevan cuentas nos explican cómo ha crecido el desempleo, cómo ha bajado la producción per cápita, cómo no hay oportunidades de inversión, cómo se espantan a las maquiladoras; en otras palabras, cómo aumenta la pobreza.
Ya llevamos treinta años probando ?modelos? y recetas, y lamentablemente no se vislumbra un cambio. Cada quién sabe cuál es el modelo que deberíamos seguir, luego llegará al poder otro grupo y, si seguimos con la suerte de siempre, pasaremos de malo a mediocre, porque para salir adelante ya en una forma duradera habría que cambiar algunas cosas de la forma de gobierno que no lo permite la actual Constitución.
Sin embargo, por de pronto, se podrían quitar los lastres, los estorbos que no nos dejan progresar. Si el próximo gobierno hace cinco cosas, el cambio sería un cambio fenomenal: 1) bajar intereses (basta con no pujarlos para arriba); 2) quitar el impuesto sobre la renta; 3) quitar las aduanas, declarando a Guatemala entera un ?país libre? (no un puerto libre); 4) flexibilizar el código de trabajo como lo están teniendo que hacer en Europa, y 5) hacer carreteras. Si eso se hace, pronto la gente tendrá suficientes ingresos para pagar por sus problemas ?sociales? como la educación de sus propios hijos y la salud de su familia.
¿De qué vivirá el Gobierno? Pues en circunstancias de rápido desarrollo como el que resultaría de mandar al diablo esos lastres, el IVA al 10% sin duda produciría más que lo ahora recauda con todos los impuestos.
Hay que entender que lo que mantiene bajo el ingreso fiscal es, precisamente, la baja capacidad tributaria de la población y por tanto, el remedio es eliminar los lastres que le impiden mejorar sus ingresos.
¿Utópico? Sí, porque aparentemente muy pocos quieren liberar al guatemalteco de esos lastres. Pero, pregunto, si estamos tan mal, y los otros países que tienen iguales lastres también están mal, ¿por qué no probar algo distinto?
Lamentablemente, estamos deslumbrados por lo que diga el Banco Mundial, el FMI, los gobiernos del Grupo de Ayuda, el Departamento de Estado y los técnicos macroeconómicos, cuyos consejos hemos venido siguiendo por varias décadas, y siempre se encuentran magníficas razones para conservar esos lastres, siendo la razón más común la de que sus consejos no fueron seguidos al pie de la letra.
Pero: acaso no es de sentido común que: 1) con altos intereses se le impone un costo al crédito que pocas actividades pueden pagar; 2) que siendo el recurso más urgente para el país la inversión de capital es increíblemente absurdo tener un impuesto a su rendimiento para desestimularlo; 3) que las aduanas le imponen a todos, productores y consumidores, costos, ?distorsiones? y molestias artificiales que nos condenan a baja productividad y merma de poder adquisitivo (terminaría el contrabando y la corrupción aduanera); 4) que la rigidez laboral a los trabajadores les quita su poder de regateo y los convierte en cautivos, mantiene los salarios más bajos de lo que estarían sin la indemnización contingente, y consecuentemente hace más difícil darles empleo; y 5) que sin medios de acceso no podemos tener transporte eficiente y difícilmente se pueda progresar si ellos.
Claro, esos cambios implicarían ajustes, pero la alternativa es peor: seguir pobres, en plan de mendigos, viendo siempre a qué siniestros intereses echamos la culpa. Esas metas se podrían adoptar a corto plazo e implementarse simultáneamente con atenuantes temporales o graduales. No se trata de implementar un plan de medidas sino de eliminarlas, porque estorban. Si se quiere, se puede.
Y si no se quiere, se encontrarán magnificas razones. Muy feliz año.