Sin tapujosDiálogo sí, farsa no

ALEJANDRO GIAMMATTEI F.

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Una vez más, el presiden-te Portillo anunció que convocará a un diálogo nacional, aunque la información que proporcionó fue escueta, ya que no brindó detalles de los mecanismos, fechas, invitados, etc. Eso sí, se aseguró de dejar en claro que el vicepresidente no participará, lo que significa un giro de 180 grados en relación a los intentos anteriores.

Vale la pena recordar que en 21 meses de desgobierno, el presidente ha anunciado en varias ocasiones pactos y diálogos, el primero de ellos conocido como ?Pacto de Gobernabilidad?, que no pasó más allá de ser un documento de un par de hojas, pero eso sí, bastante publicitado en su momento.

Y el último fue el que anunciaron con la intermediación del Arzobispo de Guatemala, quien desde un principio negó que hubiera sido invitado a moderar las conversaciones, desligándose rápidamente del anuncio oficial.

Si bien es cierto soy un fiel creyente en el diálogo, como mecanismo para la búsqueda de consensos y forma para arribar a acuerdos que delimiten las acciones para superar la actual crisis, considero que éste debe llevarse a cabo en un clima de confianza, credibilidad y positivismo si lo que se quiere es que sea un intento exitoso.

Muy particularmente creo que aunque el mandatario prometa que el diálogo será una realidad ?a finales del presente o principios del próximo año?, este anuncio por sí mismo no representa una garantía veraz, máxime cuando se dispone a pasar casi lo que resta del mes en viajes al extranjero, lo que remite al diálogo nacional a un segundo plano, por detrás de su importante pieza oratoria ante la Organización de las Naciones Unidas, quienes han de estar muy ansiosos por oír el discurso, ya que la recesión económica, el desempleo, la inseguridad y la corrupción en el país no son tan importante como sus viajes.

Sin embargo, reitero en la urgente necesidad de arribar a un diálogo que viabilice la integración de un gobierno de unidad, mismo que se encargue de implementar las acciones que se establezcan para encarar la crisis en el corto plazo, que en el mediano promueva la estructuración del proyecto de nación tan urgido, y que en el largo plazo asegure el desarrollo humano que tanta falta nos hace. Eso sí, el diálogo deberá ser franco y abierto. Ya no nos podemos dar el lujo de permitir nuevas farsas.

NOTA: Agradezco sinceramente a todos los amigos y amigas que me demostraron su solidaridad en el reciente accidente que sufrí en México. Es alentador saber que en momentos difíciles encuentra uno demostraciones de afecto y cariño. En una próxima entrega les contaré mis experiencias con el sistema jurídico mexicano.

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