Sin tapujosExperiencia en México (y II)

ALEJANDRO GIAMMATTEI F.

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Fui conducido al Ministerio Público de Mapastepec por la Policía Federal de Caminos, quienes rindieron el parte del accidente. La Fiscal me pidió que me quedara en un pequeño hotel de la localidad y que me apersonara al día siguiente para rendir mi declaración, ya que llegaría uno de los expertos del MP para el peritaje y así determinar las causales y responsabilidad en el accidente.

Me pareció increíble que un día después del suceso se pudiera realizar el peritaje, ya que aquí estamos acostumbrados a que se hagan luego de semanas o meses. Contrasta el buen deseo de las autoridades mexicanas, con la posición adoptada por el Consulado de Guatemala en Tapachula, ya que durante la tarde del 31 de octubre, a través de mi oficina en Guatemala, se comunicaron con dicho Consulado solicitando asistencia, imaginando que estas oficinas las abre un país en otro, para apoyar a sus ciudadanos.

Sin embargo, menuda sorpresa fue la que me llevé cuando me informaron que con gusto podía contar con el auxilio, siempre y cuando garantizara que pagaría los gastos del Cónsul para que pudiera trasladarse a Mapastepec.

Bien dice el viejo refrán: ?unos en la pena y otros en la pepena?. Si yo no me comprometía por adelantado a pagar, no podía contar con el apoyo de las autoridades de mi país. ¿Qué Tal? Contrasta la actitud descrita con la del Lic. Oscar Zelaya Coronado, quien fungía como Embajador de Guatemala en El Salvador el 1 de mayo de 1998, día que mis padres y mi sobrino tuvieron un accidente en dicho país.

Como resultado del accidente falleció mi madre y el Lic. Zelaya nos ayudó y apoyó en todo momento, hasta que logramos trasladar el cuerpo a Guatemala, así como a mi padre y sobrino que se encontraban lesionados.

Así es mis apreciados lectores, las autoridades judiciales mexicanas nos trataron con respeto, cumplieron con sus obligaciones e hicieron valer mis derechos. No siendo yo un ciudadano de su mismo origen, recibí el trato adecuado. Mientras tanto, los funcionarios guatemaltecos podrían haberme ayudado siempre y cuando les asegurara el pago de sus gastos. Es decir, ni siquiera llegar, ayudarme y después pedir que contribuyera con sus gastos.

Gracias a que el Ministerio Público de Chiapas, especialmente de Mapastepec y la Policía Federal de Caminos cumplieron con su deber, puedo decir que el caso fue resuelto de manera tan rápida. Pude demostrar mi inocencia y obtuve la libertad.

Ahora, deberé esperar a que el seguro me entregue el vehículo reparado. Por de pronto si tiene que viajar a otro país, asegúrese de presupuestar ?los gastos? del personal diplomático, no vaya a ser que por mala suerte tenga que recurrir a ellos.

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