Sin tapujosMi experiencia judicial en México

ALEJANDRO GIAMMATTEI F.

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El 13 de octubre, a eso de las 13:15 horas, me dirigía al Distrito Federal mexicano, cuando fui impactado por otro vehículo, como consecuencia de que su conductor no reparó en la señalización de la carretera que de Tapachula conduce a Arriaga, que indicaba la proximidad de un desvío hacia la carretera sin peaje.

El impacto fue de gran magnitud, quedando prácticamente destruido el otro vehículo y el mío con serios daños. Mis compañeros se apresuraron a retirarme del interior del vehículo, por haber quedado atrapado, gracias a Dios con sólo un fuerte dolor de cuello y espalda.

He de reconocer que el temor se apoderó de mí, ya que me recordé de las amargas experiencias que había oído de extranjeros con las autoridades policiales y judiciales del vecino país. La primera autoridad en llegar al sitio fue la Policía Federal de Caminos, quienes evaluaron al herido en primera instancia, para luego pedirme mis documentos de identificación, así como los del vehículo.

Mi primera impresión fue desagradable, ya que pese a que les indicaba que yo no había tenido la culpa, ellos se concretaron a explicarme mis derechos y me explicaron que en vista de que el otro conductor tenía que ser remitido a un centro hospitalario, yo debía quedar detenido preventivamente.

Al poco rato se hicieron presentes las autoridades del Ministerio Público de Mapastepec, quienes tomaron datos de los vehículos, el estado de los conductores y otros datos de relevancia.

Posteriormente, apareció una ambulancia de la Cruz Roja mexicana, quienes procedieron a trasladar al herido. También se apersonaron las autoridades de Carreteras y Puentes Federales (CAPUFE), con dos grúas y una ambulancia. Me inquirieron sobre el comprobante de pago del peaje, anotaron el número de éste y me informaron que tenía derecho a un seguro de responsabilidad civil, gastos médicos y últimos gastos (funerarios), por haber pagado el derecho a transitar en la autopista, siempre y cuando demostrara que yo no era el culpable del accidente.

La Policía Federal me pidió que los acompañara a Pijijiapan, donde quedaba su sede; les puedo asegurar, mis apreciados lectores y lectoras, que sentí que el mundo se me venía abajo. Yo nunca antes había tenido una experiencia de este tipo.

Luego de estar toda la tarde en dicha delegación policial puedo decirles que mi idea con respecto a la policía mexicana cambió radicalmente. En primer lugar, el trato fue humanitario, el parte que elaboraron lo hicieron con una técnica impresionante, no digamos los autopatrullas con control satelital, computadora, etc.

La estación cuenta con Directv, enlace vía computadora, baños aseados, personal diligente y amable. Realmente otro mundo respecto del nuestro. Por la noche fui presentado al Ministerio Público. La próxima semana les seguiré contando.

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