TASSOLILOQUIOSTres vidas excepcionales en un Paseo
Ya, en mí, gracias a mi conductora de lujo, Ana María Martínez-Sobral de Segovia, se creó recientemente el hábito de visitar cada sábado el Paseo de los Museos en la Ciudad Colonial, por excelencia.
Tres seres excepcionales juntos motivaron esta vez el viaje. Una graduación de lujo en el Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino. Los nuevos arquitectos honorarios son: Luis Díaz, Amerigo Giracca y Efraín Recinos.
Ustedes, amigos lectores, leyeron bien: arquitectos. ?¿Y no lo eran, pues??. Me explico. A pesar del espacio importantísimo que ocuparon paulatina y genialmente en la arquitectura de la Tierra del Quetzal, itinerario que he tenido, como muchos, la suerte de seguir paso a paso, no ostentan el título de arquitectos.
Luis es artista de la plástica. No olvidemos que en 1971 obtuvo el codiciado Premio Latinoamericano de la Bienal de Sao Paulo, Brasil. Amerigo es ingeniero. Fue invitado por Jorge Castañeda a volver realidad la Casa Santo Domingo, parada obligada para visitantes nacionales y extranjeros.
Efraín, apodado Macho Loco, es quien ideó con su fogosidad acostumbrada el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, anclado en el corazón del Centro Cívico, tarjeta de presentación que modificó el horizonte de la capital de la Tierra de los Mayas.
En los países que he visitado en mi ya larga vida percibí que se atribuye falta de armonía entre las dos envidiables profesiones, responsables del paisaje urbano y campestre. El arquitecto Aycinena me contó que una vez una señora le dijo dirigiéndose a él: ?ingeniero?. Él le contestó: ?señora, yo soy arquitecto?.
Y la señora añadió: ?No se preocupe, pronto lo alcanzará?. Luis Díaz es autodidacta. Se ha preocupado siempre por dar un lenguaje propio a cada edificio que surge a luz pública y donde solicitan su intervención. Su inspiración procede de las raíces de Guatemala. Es consabido que es perfeccionista.
Carlos Valladares, decano de la Facultad de Arquitectura de la Usac, recordó que ?sus diseños se inspiran en la arquitectura maya, mencionando a la Biblioteca de la Usac y al edificio del Infom. Sin olvidar sus instalaciones, tales como Atitlán, el homenaje póstumo a Meme Colom y ?Dinner culto? con su lado satírico.
Lo calificó de creador de un nuevo lenguaje propio, viendo hacia adentro, guatemalteco. Un gran señor de las letras de Guatemala, Mario Monteforte Toledo, fue su interlocutor y amigo dentro y fuera de Guatemala.
En cuanto a Amerigo Giracca, el decano lo bautizó ?Barragán de Guatemala?, por la inclusión de elementos de artes y artesanías mayas en sus construcciones, tal como fueron las construcciones de Barragán en México. Me enamoré de sus creaciones allá por la zona 12, hace montón de años, cuando me invitó a conocer a su familia. En el Paseo conocí el sábado a la tercera generación de Giraccas. Tres generaciones.
Antonio Prado, arquitecto consagrado y respetado, afirmó que lo conquistó la forma de revestimiento usada por Amerigo en el acabado de sus construcciones. La Gran Aventura de las ?Mil y una Noches? de la hoy Casa Santo Domingo se debe a la convergencia de tres talentos en su género: Jorge Castañeda, quien los embarcó en el sueño; Amerigo Giracca, quien aceptó el reto, y Roberto Díaz Castillo, director del Colegio Mayor ?Santo Tomás de Aquino?.
Por supuesto que no se omitió hablar de los centros históricos de las ciudades, y en especial de los arquitectos y artistas como Roberto González Goyri, Roberto Aycinena, Carlos Haussler y otros actores extraordinarios que plasmaron lo que es Centro Cívico e histórico de hoy.
Ver arquitectos entregar diplomas a ?no arquitectos?, por sus méritos, el diploma de arquitecto es un momento digno de recordar. Los milagros siguen en nuestra época. Honor a quien honor merece. Ejemplo para las generaciones que inician su recorrido.