XokomilCarlos Amman, s.j.

DINA FERNÁNDEZ

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Dos dias antes de que falleciera mi abuelo, murió también el padre Carlos Amman, a quien quise mucho más de lo que él se imaginó. Quería escribir una nota sobre su espíritu libre y generoso, siempre presto a compartir libros, revistas y poesía. Pero se me adelantó el padre Juan Hernández Pico y lo hizo de una forma inmejorable. Así que les reproduzco este testimonio para sus innumerables amigos. Me hubiera encantado publicarla entera, si ello no implicara robarle a mis compañeros de página su espacio:

?Eramos muy amigos con Carlos Amann (…). Lo conocí ya cuando era secretario de la Universidad Rafael Landívar en el campus de la zona 10. En aquellos años 70, a sus cincuenta años, fumaba poderosamente y tenía un cuarto lleno de libros absolutamente desordenado, como bodega que hubiera sufrido un asalto. Sólo había un angosto caminito de la puerta a la cama.

Me imagino yo que por el resto de su habitación caminaba sobre libros y papeles, hacia su ropero y hacia las cortinas de la ventana así como hacia el baño, que no hacia su escritorio, pues éste estaba en igual estado de plenitud desorganizada. Como mucha gente que en su vida de trabajo es obsesivamente meticulosa y amante del cumplimiento de normas y reglamentos, su habitación desreglamentada apuntaba a un anhelo de libertad y a un gran deseo para que su propio orden no matara nunca la vida.

Amann tenía una sensibilidad muy profunda por la justicia. Como en toda vida humana, siempre ambigua en sus mayores logros, pero más en la suya, la justicia que pretendía se le enredaba a veces con la inflexibilidad a través del deseo de imparcialidad (…).

Fuera del marco del trabajo, su vida se volvía un derroche de bondad. En los 15 años últimos, después de haber hecho sus segundos estudios especiales, de Derecho Canónico en Comillas-Madrid, su vida se volvió una persecución de la libertad cristiana, paradójicamente una vez más, por medio del Código.

Lo conocía maravillosamente y con su memoria prodigiosa sabía aplicarlo buscando siempre que de esa amarga raíz se destilara un licor estimulante de Evangelio. Quienes pasaron por su tribunal de juez matrimonial en la arquidiócesis de Guatemala, saben bien que Amann aspiró siempre a hacer de su vida profesional una parábola de la bondad y misericordia con que Dios juzga nuestra vida.

Amann fue un hombre con un don maravilloso de lo que hoy llamamos autoestima (…). No pocas veces dijo que él lo haría muy bien como superior de una comunidad jesuítica o como rector de la URL. Y esto último estuvo a punto de suceder pero no se llevó a cabo (…).

Años después trabajó en la UCA de Managua durante el proceso revolucionario, al cual le vio sus méritos y también sus deméritos. Amann era una persona inteligente y crítica, a veces hasta el paroxismo. Era, sin embargo, obediente, es decir abierto a las correcciones de la vida. De Nicaragua volvió a Guatemala después de sus primeros problemas circulatorios.

Amann amó a la Compañía de Jesús con pasión. Fue un jesuita de esos que se reconoció ?pecador y, sin embargo llamado a ser compañero de Jesús como lo fue San Ignacio? (CG 32; 2, 1). En su cuarto de enfermo, ya no tan desordenado, tenía sobre su cama un cuadro de Jesucristo, de esos que hace cuarenta años hicieron furor por presentarlo sin las desviaciones melosas de la imaginería del siglo XIX. Jesucristo, sin embargo, estaba sobre todo en su corazón. Era también devoto de María desde sus años colegiales.

Amann entendió y vivió que el carisma de la Compañía es de servicio y en sus años últimos, con su infarto encima, su corazón a un tercio de potencia y sus huesos en proceso de avanzada osteoporosis, siguió trabajando. Y trabajando fuerte. ?Que me pida una cita a las 9.30 de la noche, porque a esas horas trabajo mejor?, me dijo contestando a una petición mía de ayuda a una persona con su matrimonio deshecho. Con una chispa en sus ojos penetrantes comentó después: ?Es claro que no hubo intención de casarse en la otra persona; es claro que no sabía lo que es casarse en la Iglesia Católica?. Ya entreveía él la probabilidad de declarar nula esa unión y así salvar el futuro de esa persona en la Iglesia.

Amann tuvo muchas amigas y amigos en Guatemala. Me consta que los dejó también en Nicaragua. Su corazón, ahora detenido para siempre en este mundo, logró abrirse paso hasta ellas y ellos a través de la dura corteza de algunas de sus costumbres. Ahora ya no tendrá esos escollos y habrá navegado directo hacia Dios como en los mares profundos de su país natal?.

P.S. Les deseo hoy una feliz Navidad y un venturoso Año Nuevo. Les aviso también que me voy de vacaciones y estaré de vuelta hasta la tercera semana de enero.

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