XokomilDe héroe a lumpen
Para mí, sólo hay una explicación: enloqueció.
De otra forma, no entiendo cómo un hombre a quien llegaron a apodar ?el caballero de la política? aparece ahora en la palestra, revolcándose tan a gusto en el lumpen del oficialismo.
Como seguramente ya adivinaron, estoy hablando de Ramiro de León Carpio, quien se ha empeñado en destruir cualquier resquicio de prestigio que pudiera quedarle después de haber sido presidente de la República.
El hombre nació con buena estrella. No sólo estuvo en el lugar correcto, en el momento correcto: ¡tuvo hasta el pedigrí correcto!
Primo hermano de dos hermanos prominentes -Roberto y Jorge Carpio Nicolle, el primero vicepresidente en tiempos de la DC y el otro, fundador de la UCN- Ramiro gozó de una posición privilegiada que supo aprovechar.
La primera parte de su currículum es la historia de un abogado ambicioso, dedicado a escalar posiciones. De asesor del Ministerio de Economía en 1967, pasa al Consejo de Estado de Carlos Arana Osorio y de ahí a la gerencia de los azucareros. Secretario general de la UCN desde 1983, llega a presidir la Asamblea Nacional Constituyente.
En 1985, se lanza a la candidatura vicepresidencial, siempre de la mano de su primo Jorge Carpio. Tras esa derrota electoral, lo nombran Procurador de los Derechos Humanos, donde se hace buen nombre.
La madrugada del ?serranazo?, el 25 de mayo de 1993, lo sorprende en casa, rodeado por guardias: Ramiro acapara titulares al escapar, saltando por los tejados. Doce días después de esa aventura, sale del Hemiciclo del Congreso con la banda presidencial sobre el pecho.
Y ahí empiezan sus problemas.
Debuta como traidor, al menos públicamente, cuando asesinan a Jorge Carpio en los primeros días de su gestión y él le da la espalda a la familia y la memoria del político que lo cobijó. La UCN se derrumba y Ramiro se agarra de las botas militares. Hasta el día de hoy, el crimen sigue impune.
Esa actitud define el paso de Ramiro por el Gobierno, actitud que en su momento arranca murmuraciones sobre la tibieza de las partes bajas de su anatomía. Pero más allá del apodo, Ramiro se hace presidente y presidente popular, inaugurando chorros de agua.
A pesar de sus titubeos, creo que la historia hubiera sido benigna con él. Al dejar la Presidencia, contaba con una mansión en la zona 15, suficiente patrimonio, una biografía elogiosa firmada por Alvaro Vargas Llosa (sin comentarios), una fundación con su nombre y la posibilidad de abrazar la vida sosegada de los ex presidentes, dando conferencias para el público feliz e indocumentado.
Pero Ramiro se ha esforzado en negarse a sí mismo ese retiro que lo hubiera crecido ante la opinión pública, pues la memoria es perdonadora.
Primero fue aquel episodio en los cielos del Cono Sur, cuando confundió la cabina de pasajeros con el mingitorio: ahí acabó con su imagen de hombre serio y comedido.
Luego, se unió al partido del general Efraín Ríos Montt, sobre quien pesan acusaciones de genocidio: ahí acabó con su trayectoria en Derechos Humanos.
Convertido en diputado raso del FRG, lo único que ha logrado es colocar a un hijo en el consulado de Houston y atraer la atención de la prensa internacional por su casamiento por el rito Mooni, a la par del obispo Milingo (hasta ahí llegamos como católico ejemplar).
No le neguemos tampoco el éxito de haber dado algunas declaraciones que harían sonrojar a monseñor Penados o a don Arturito Herbruger (q.e.p.d), como cuando dijo, refiriéndose al Guategate: ?Me alegra que estas cosas pasen, es hermoso para la democracia?.
Ahora, sin embargo, parece interesado en dejar las apostillas por empresas mayores. Para lograrlo, deberá pagar cara una reconciliación con Francisco Reyes López (¿se acuerdan de aquella cinta, hecha pública por Reyes López en la campaña de 1995, con la cual acusó al gobierno de Ramiro de financiar la campaña del PAN con Q25 millones?).
Para deshacer ese agravio y ganarse al poderoso vicepresidente, Ramiro corrió a solidarizarse con el director de la Tipografía Nacional cuando estalló el escándalo de los volantes involucrando a Reyes López. La semana pasada también demostró su diligencia, al presentar una iniciativa de ley que le evitaría al vice ser suspendido del cargo.
Supongo que en la lógica muy particular de Ramiro, demostrar que puede ser así de servicial no entra en conflicto con esa colección de personalidades que suele enumerar en sus cartas: ex presidente, ex procurador, ex, ex, ex.
Dadas las recientes ejecutorias de Ramiro, este paso no me extraña. Lo que me intriga es la capacidad esquizofrénica del poder.