XOKOMILEl legado de 2004
Óscar Berger está a punto de cumplir su primer año en la Casa Presidencial y resulta apropiado ver cómo nos trató el 2004 bajo su administración.
Para ser justos en el balance, debemos comenzar anotando que sus predecesores se empeñaron en dejarles el campo minado y se ha perdido mucho tiempo en deshacer entuertos.
Por otra parte, también es justo reconocer que no todas las frustraciones se deben al legado del FRG y que si esta administración ha logrado ?salvar? el primer año ha sido gracias a otro factor externo: el fútbol.
Más que el año del ?Conejo?, este fue el año del ?Pescado?. La resurrección de la Selección Nacional le regaló a la población una vía de escape más poderosa que cualquier turbulencia política.
Si la buena racha nos acompaña el año entrante, el estado de ánimo en Guatemala puede dar un vuelco que le facilite la vida a políticos y empresarios.
Pero esa posibilidad está en la cola de un venado, o mejor dicho, en las aletas de ?el Pescado? Ruiz, por lo que conviene prepararse sin apostarle a los milagros.
Entonces, ¿qué nos dejó de bueno el año? Quizá la reducción del Ejército haya sido la decisión más valiente del Ejecutivo.
Nuestro país ya no está en guerra y debe invertir la mayor cantidad posible de recursos en mantener la seguridad interna (pero mediante las instituciones civiles a las cuales corresponde esa tarea) y paliar las desigualdades a través de una monumental inversión en salud, educación e infraestructura básica.
También merece aplausos la ministra de Educación, María del Carmen Aceña, quien ha logrado mover la formidable maquinaria de una institución que funciona con un sistema decimonónico, tomado por un sindicato igual de anquilosado, pero aguerrido.
Ahora bien, si nos pasamos a lo mediocre del primer año de gobierno, no acabamos de enumerarlo de aquí al 31 de diciembre.
Pero quizá merezca mención especial el combate a la corrupción, pues el Gobierno tiene cifrada muchas esperanzas en esa carta. Valdría la pena reevaluar la estrategia, pues la cacería de ladrones institucionales parece condenada a un desempeño aguado e inconcluso.
Los procesos contra figurones como Francisco Reyes López o Eduardo Weymann dan la impresión de ser castigos ejemplares, no una política realmente sustentada.
Es una percepción peligrosa, pues despierta expectativas que el Gobierno al final no será capaz de satisfacer.
El papel del presidente también debe revisarse. Berger sigue teniendo imagen de bonachón, pero tiene la mala costumbre de meter la pata cuando abre la boca y se dispara declaraciones irreflexivas que nos ponen a temblar, pues resuenan con toda la autoridad de la Presidencia.
En cuanto a lo malo, también hay mucho donde escoger, desde el terrorismo de las ex PAC hasta la reactivación económica que no termina de suceder. Sin embargo, el tema más preocupante es, sin duda, la espiral de violencia, azuzada por las diversas facciones del crimen organizado.
Los asesinatos de mujeres y las masacres de familias enteras, el poder de las maras y de los carteles de la droga revelan la podredumbre, mucho más profunda y generalizada, de nuestra sociedad.
No es un problema exclusivo del Gobierno, pero quienes están en el poder deben pensar pronto qué van a hacer para salvar al enfermo mientras ellos están a cargo de la sala de urgencias.
En especial, si quieren imprimirle un rumbo a su gestión, deben tomar en cuenta que ya sólo les queda el año entrante, porque el tercero ya pertenece al juego político y el último se va en puras elecciones.
A eso hay que sumar que la situación con el Congreso es explosiva. Mucho cuidado porque aparte de resultados, no queremos una crisis política que haga del 2005 un nuevo año 0 para nuestro desarrollo institucional, aun si se hace el milagro y tenemos buen fútbol.