XokomilTensión en el aire

DINA FERNÁNDEZ

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El clima esta enrarecido. Otra vez, habría que agregar, como ha ocurrido en innumerables ocasiones desde que asumió el poder la administración eferregista. El clima se siente pesado, tan denso que casi cuesta respirarlo.

Han ocurrido varios incidentes, suficientes para encender los botones de alarma de activistas y observadores. No se trata de un caso aislado, sino de una verdadera cadena.

Un periodista prominente, de los que no se espantan cuando alguien les dice ¡bu! en una esquina, me comentó que un militar le había recomendado reforzar sus medidas de seguridad. Sólo por si acaso.

Mientras, personajes del Foro Guatemala que no tienen fama de andar inventando fantasmas, como el rector de la Universidad Rafael Landívar, el sacerdote Gonzalo de Villa, han recibido mensajes intimidatorios.

El centro de investigaciones sociales Avancso denunció vigilancia y acoso contra una de sus investigadoras, Matilde González, con el respaldo de toda la comunidad de Derechos Humanos en el país. En particular, Helen Mack externó su preocupación ante la posibilidad de que nuevamente se intentara poner freno a la investigación social.

Por su parte, las activistas Ana María de Klein, de Madres Angustiadas, y Rosalina Tuyuc, de Conavigua, enfrentan una demanda por calumnia. El pecado fue de palabra: ambas opinaron, en una entrevista de prensa, que les parecía inconveniente que el magistrado Carlos Larios fuera nombrado presidente de la Corte Suprema mientras su esposa, Elizabeth Hernández de Larios, dirigiera el departamento jurídico del Ministerio de Gobernación. Ni Klein ni Tuyuc cuestionaron la capacidad en sí del matrimonio de abogados. Su crítica radicaba en el conflicto de intereses.

Conspicuamente, el abogado que está llevando el caso por calumnia contra Klein y Tuyuc es Mario Menchú, ese hombre vociferante que todos vimos por la televisión en los primeros capítulos del caso Gerardi.

Y esperen, porque aún hay más. La Cancillería le puso la escoba en la puerta a dos cónsules, el de Jordania y el de Haití, por considerar que habían emitido opiniones ofensivas en contra de la actual administración.

Días después, al culminar el espectáculo montado entre el fiscal Ramón de Jesús Sáenz y el juez Sergio Castro, con la absolución de los 22 diputados del FRG acusados de alterar una ley de la República, ahora resulta que los congresistas también han amenazado con demandar a diputados opositores y medios de comunicación.

Todo esto ocurre mientras el ambiente electoral empieza a calentarse: Gustavo Porras pide la elección del partido Unionista, y Manuel Eduardo González comienza a visitar las bases del PAN en provincia.

Me atrevería casi a decir que ya estamos en campaña. Aunque no haya banderitas de colores ni canciones en la radio, los partidos van a empezar a tomar decisiones de acuerdo con la lógica electoral.

Dado que el FRG cuenta con la maquinaria y las cuentas estatales, le sobran condiciones para mover sus piezas en pos de la reelección. Y si algo va a distinguir a esta campaña -anticipada por pura desesperación, como esta Navidad otoñal-, es la violencia.

Al actual gobierno le van a supurar todos los humores represivos de su amalgama de personajes siniestros, a derecha e izquierda por igual.

Supongo que uno de los primeros pasos en su estrategia para conservar el poder consistiría en paralizar a la llamada sociedad civil y la prensa, pues mal que bien son los únicos entes que han intentado hacerle frente al FRG.

Las autoridades todavía no han acabado de limpiar su camino. El vicepresidente Juan Francisco Reyes López, por ejemplo, tiene encima el caso de la Tipografía Nacional. Los escándalos de corrupción se amontonan en las oficinas del Contralor o del Ministerio Público. Y puedo apostar que hay muchos más esperando turno, del mismo calibre del que Prensa Libre acaba de destapar en el Ministerio de Gobernación con Q90 millones en el limbo.

Para hacerse del poder absoluto, el FRG debe colocar a gente afín en las instituciones sujetas a relevo el año entrante. Lograrlo no supone mayores dificultades (hasta el momento, casi siempre se han salido con la suya). Pero está claro que van a tratar de allanarse el camino, pues no quieren correr riesgos.

La clave para la sociedad civil y la prensa estará en perseverar. Quizá no podamos detener los abusos, pero al menos la parte pensante de la sociedad sabrá a qué se enfrenta y a qué atenerse.

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