Acerca del caleidoscopio religioso guatemalteco

Opinión

Los acontecimientos relacionados con el pastor Carlos <em>Cash </em>Luna, localmente han despertado interés por conocer, al menos en sus generalidades, los significados reales de las iglesias católica y no-católicas. No utilizo el término cristianas, porque la totalidad lo son. Es necesario utilizar un término general, pues las palabras evangélicos, protestantes y otras tienen significados específicos por los cuales tal tarea casi se imposibilita. Se debe pensar en este tema con serenidad y sin colocarse en posiciones dogmáticas ni emotivas o irreflexivas. A grandes rasgos, el caleidoscopio religioso guatemalteco comienza desde el siglo XVI, con la llegada tanto de los conquistadores de oro como de los pescadores de almas, quienes pronto entran en contacto con las religiones politeístas locales.

Comunión y misión, signos de los tiempos

Opinión

“Me compadezco de aquellos que saben sondear en lo alto del cielo o en las profundidades del abismo, pero no son capaces de entrar en sí mismos”, afirmaba San Agustín de Hipona (354-450 d.C.) invitando con ello a una perpetua tarea humana, pero también eclesial cristiana, de “reformar, revitalizar el camino” a partir de la reflexión sobre el rumbo recorrido.

La conciencia

Opinión

Las principales versiones católicas del texto de la Primera carta de Juan, 3,21 traducen así: “Si nuestra conciencia no nos condena, podemos acercarnos a Dios con confianza”.  El Nuevo Testamento fue escrito en griego.  Me pregunté qué término griego habría sido traducido por “conciencia” en las diversas versiones que consulté.  Encontré que el término original es “kardía”, cuyo significado primero es “corazón”.  El apóstol Juan empleaba la palabra en sentido metafórico, para designar ese núcleo íntimo en el que debatimos si tomar o no una decisión, en el que nuestros pensamientos aprueban o censuran las acciones que realizamos.  Ese núcleo se llama “conciencia”, porque allí se realiza esa acción tan peculiarmente humana, por la que nos desdoblamos interiormente para conocernos, evaluarnos y juzgarnos a nosotros mismos.