LA BUENA NOTICIA
El dinero los pervirtió
Dos semanas quedan para acudir a las urnas y la ciudadanía está desmotivada, quizá porque los dos candidatos representan a la corrupta clase política que la ha llevado al hartazgo. La población, que es mucho más digna y solidaria que los políticos, tiene su corazón en las víctimas de Cambray 2.
Esa tragedia se ha convertido en todo un símbolo del desastre social provocado por los gobiernos de los últimos 30 años y del colapso del proyecto oligárquico-militar que se instaló desde 1954, con la intromisión de Estados Unidos, la complicidad de la oligarquía local y la bendición de la jerarquía católica.
Gracias al Vaticano II (1962-1965) y a la Conferencia Episcopal de Medellín, (1965), la Iglesia se desmarcó de esa postura antievangélica, pero la oligarquía, los militares y los políticos siguieron empecinados en ese perverso proyecto, motivados por la ambición del dinero a costa del empobrecimiento del pueblo guatemalteco.
El afán de acaparar, donde el dinero es un absoluto, tiene en cárcel preventiva al binomio Pérez-Baldetti y sometido a un proceso judicial. Ellos retratan muy bien a la clase política. Quien encabeza el Ejecutivo actualmente representa ese sistema oligárquico-militar en ruinas, pues es un “conservador hasta el tuétano, sino reaccionario”, sostiene el jesuita Hernández Pico, al tiempo que recuerda los hitos fundamentales de su vida: “Participó en la ruptura de la Década Democrático-Revolucionaria en 1954, cuando tenía 18 años. Pronto se afilió al partido recién creado, MLN. En 1970 fue nombrado ministro de Educación por el presidente general Arana. En 1995 fue brevemente ministro de Relaciones Exteriores”.
Fue candidato a la Presidencia por un partido conservador ya desaparecido y “desde el 2011 fue magistrado de la Corte de Constitucionalidad, y junto con Roberto Molina Barreto y Héctor Hugo Pérez Aguilera han constituido una mayoría conservadora, que anularon la sentencia de 80 años por genocidio y crímenes contra deberes de humanidad contra el general Efraín Ríos Montt”, y otras actuaciones en las que se ha mostrado fiel defensor de ese podrido sistema que tiene en la miseria a la mayoría de guatemaltecos.
Los dos personajes que se disputan la Presidencia son de la misma línea, ya sea porque han participado del saqueo del erario con sus aliados financistas o porque sirven a oscuros intereses de algunos sectores militares responsables de masacrar al pueblo.
La dirigencia política del país ha actuado como aquel hacendado de una de las parábolas de Jesús que llenó sus graneros pensando solo en su seguridad sin preocuparse de sus semejantes. Esto es reflejo de lo que ocurre en el país, donde lo importante es tener dinero en abundancia y especular para aumentar el capital. La dignidad del ciudadano guatemalteco no les importa, aunque nos digan lo contrario en su propaganda electorera.
Y en esa ideología inhumana fácilmente también caemos los cristianos, con el peligro de reducir nuestro cristianismo a unas prácticas religiosas mientras seguimos actuando bajo la fiebre posesiva y valoramos a las personas por el dinero que tienen y por sus apariencias.