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La que nunca reinó

La controversial historia de la monarca a quien llamaban Juana <em>la loca</em>.

El sepelio de Felipe I, esposo de Juana, obra de Francisco Pradilla y Ortíz.

El sepelio de Felipe I, esposo de Juana, obra de Francisco Pradilla y Ortíz.

Juana de Castilla y Aragón, más conocida como Juana la loca, murió el 12 de abril de 1555, hace 460 años, para ser exactos. Ostentó el título de reina “nominal” junto a Felipe I, su esposo, en 1506 y posteriormente al lado de su hijo Carlos I, en 1516, pero nunca ejerció el poder real. Una enfermedad mental, o quizás las conspiraciones políticas de la época, la mantuvieron alejada de este.

Siang Aguado, directora del departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín, y una gran conocedora de la historia europea, prefiere llamarla “Juana la enamorada”.

La tercera hija de los reyes católicos, Isabel y Fernando, nació en Toledo en 1479. El estrecho lazo con su madre solamente se rompió hasta que murió.

La boda de Juana con el archiduque austríaco Felipe el Hermoso fue el resultado de una serie de alianzas para aislar a Francia. “Con los padres de Juana empieza la unidad monárquica de España. Fernando II de Aragón, a quien Maquiavelo, autor de El Príncipe tuvo como modelo, planificó casar a sus hijos con los grandes de Europa para darle presencia a España. De esa cuenta, por ejemplo, Carlos V, hijo de Juana, llegó a ser emperador de Alemania”, explica Aguado.

Un largo sepelio
Juana no fue preparada para ser reina. No estaba en la línea directa de sucesión para ocupar el trono. Antes de ella estaba Juan de Aragón, su único hermano, quien se casó con Margarita de Austria, pero murió prematuramente en 1497.

A Isabel, su hermana mayor, le correspondía asumir el trono, pero falleció tras dar a luz. El niño que pudo haber sido el heredero también murió.

Fue en 1502 cuando empezaron a manifestarse los primeros síntomas de una enfermedad mental en Juana. De acuerdo con quienes han estudiado su vida, las infidelidades de Felipe y la soledad marcaron su carácter irascible y obsesivo.

La muerte súbita de su esposo en 1506, tras beber un vaso de agua helada después de un juego de pelota, agravó su estado mental.

El cortejo fúnebre que recorrió la mitad de España para enterrarlo en Granada, duró casi un año. El sepelio avanzaba por la noche y Juana rogaba a la corte que llevaba con ella: “Callad está dormido” Ella estaba embarazada de Catalina, su sexta hija, comenta Aguado.

En Tordecillas, Fernando, el padre de Juana, hizo detener el cortejo fúnebre y encerrarla en el palacio. Ahí permaneció 47 años, agrega Aguado.

A la muerte de Felipe, Fernando de Aragón se hizo cargo de la regencia de Castilla, murió finalmente en 1516. Después de muchas revueltas y una lucha para ser reconocido con el título de “rey” Carlos I ascendió al trono el 9 de febrero de 1518, cuando las Cortes de Castilla lo juraron como soberano junto con su madre.

Juana tenía los títulos de reina de Castilla, de Aragón, León, navarra, Granada, Valencia, Galicia, Murcia, Jaén, Toledo, Algeciras y Jersusalén, princesa de Asturias, de Viana, de Gerona, entre otros y de éstos no tuvo un poder real sobre ninguno de ellos.

¿Estaba realmente loca?

  • El psiquiatra  español Luis Minguez Martín declaró recientemente al diario español ABC que muchos de los síntomas que Juana padecía eran claramente psicóticos, como la pérdida de contacto con la realidad, derivada de ideas delirantes.
  • Una década  atrás, Minguez Martín había estudiado la patología de la reina. En el estudio  Psicobiografía de doña Juana I de Castilla y Aragón separa por períodos las conductas que presentaba. De los 24 a los 26 listó comportamientos, agresivos y negativistas, además de soliloquios. De los 26 a los 29 años : ideas delirantes de celos, de robo, mutismo y embotamiento afectivo. De los 29 a los 40, anorexia, insomnio, crisis de agitación y también inhibición psicomotriz.
  • Como antecedente  cita que su abuela Isabel de Portugal  se encerró a la muerte de su marido en un castillo y vivió así 42 años.

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