…usted que se mata pasando la escoba por la sala para que por la tarde otra vez aquéllo esté hecho un asco; usted sabrá de qué hablamos cuando le decimos que solamente en las películas de Pedro Infante y en las de Cantinflas los barrenderos municipales se la pasan silbando por las calles.
Además del sol infernal, de la lluvia tropical y del humo de las camionetas tienen que enfrentarse al robo de sus escobas. ¿Puede creer eso? Hasta parece estúpido robarse una escoba, pero es verdad. Uno de ellos dice que quienes se las roban son los ayudantes de chofer (?brochas?).
Además, tienen que soportar que algunos conductores les boten los triángulos anaranjados que indican precaución, y que los rocen con sus armatostes a toda velocidad.
La rutina de un barrendero municipal inicia a las 7 de la mañana. Siete escuadrones se reúnen y organizan en la fuente de la Plaza Central. Lluvia de palomas. Sol claro. Un espectáculo. Lucen con la alegría que hace falta a los paisajes de Canaletto.
Véalos allí, cada uno con su carretilla, su escoba y su pala; con un chaleco fluorescente verde y anaranjado, y con una gorra que anuncia: ?Limpia y verde. Nuestra ciudad?.
Doña Juana barrerá desde la 18 calle hasta la 9a. calle de la zona 1, dará la vuelta y ya estará de nuevo todo sucio, por lo tanto barrerá de nuevo desde la 9a. calle a la 18 calle. Y cuando llegue a la 18 calle, barrerá de regreso hacia la 9a. calle.
Hará lo mismo desde las 7 de la mañana hasta las 4 de la tarde, hora ésta en la que será sustituida por don Nicolás, quien barrerá de la 9a. calle hasta la 18 calle, de ida y venida cada hora hasta que den las 11 de la noche en punto, todos los días del año.
Los otros escuadrones barrerán todo lo que mide la zona 1. Además de barrer, usted los verá frotando con un trapo empapado los rótulos públicos: ?No Estacionar?, ?Parada de Bus?, ?Taxis?. Es gracias a ellos que el Centro Histórico no se ha convertido en un tonel de basura.
Quien no haya dado un paseo por ese lugar, cualquier día a las 12 de la noche, no sabe lo que es una ciudad asquerosa: lechugas, bolsas plásticas, cartones, periódicos, pepitas de aguacate, cáscaras de papaya, un cuaderno, botes, latas de agua gaseosa; los Marlboro y los Rubios terminan aplastados contra el suelo, (enemigos en vida, hermanos en el cementerio). Pero allí está para contrarrestar el tufo el señor barrendero municipal. Éste merecería recibir una orden de Los Caballeros de Guatemala.
Mejor todavía, un buen salario porque las condecoraciones se tiran a la basura. Se merecen más reconocimientos que los otorgados a un montón de ladrones que andan gastando viáticos en dólares con sus largas estadías en el Vaticano o en Washington. Esperemos que el señor alcalde Fritz García-Gallont los haga sonreír de gusto cada vez que acuden a firmar planilla.
Cuando se agacha a recoger una basura que no logró atrapar con su hacendosa pala, el barrendero opera el milagro de curvar su eje esquelético con todo y sus 33 huesos en forma de anillos que incluyen las articulaciones móviles y las vértebras cervicales, torácicas y lumbares.
Milagro que se opera junto con el movimiento de otros huesos para borrar las costumbres de porqueriza que acaso podrían tener ciertos ejecutivos, uno que otro financista del hot-dog y algunas familias que pasean chupando mangos por el Centro Histérico de la ciudad.