El equipo de expertos decidió utilizar esta característica de los pequeños para identificar si estos son capaces de memorizar o recordar.
Para ello se basaron en el movimiento de los ojos y el tiempo en que estos invierten en observar alguna imagen de prueba.
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La primera prueba fue situar a los bebés frente a una pantalla grane en donde aparecía una persona que se expresaba hacia ellos con tonos de voz diferentes: alegre, enfadado o neutral.
Una siesta diaria, de 30 a 60 minutos, repercutirá positivamente en el desarrollo de los niños. (Foto Prensa Libre: Archivo)
Después de cinco minutos, la prueba se volvió a repetir. Se llevó a cabo durantes los días posteriores con la diferencia que se integró una forma geométrica nueva en cada ocasión. Además, se midió el tiempo en que los pequeños estuvieron pendientes de las figuras.
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Al analizar las pruebas, los expertos diagnosticaron que los bebés observaban con más atención aquellas figuras cuando habían estado asociadas con una voz positiva y enérgica.
En cambio, cuando se trataba de una voz negativa, no ponían atención alguna a los patrones geométricos.
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Todos los niños viven un período de transición antes de sentirse cómodos en un nuevo entorno. (Foto Prensa Libre: Archivo)
“Somos los primeros en estudiar cómo las emociones ante estímulos influyen en la memoria. Creemos que lo que pasa es que el afecto positivo intensifica sistema de atención y la excitación de los bebés. Aumentando esos sistemas, podemos incrementar su capacidad de procesar y quizás recuerdan por eso la figura geométrica”, afirmó Young Ross Flom, autor principal del estudio.
DATO
3 meses o antes es la edad en que los bebés ya memorizan.
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