Vida

Las bienales

Venecia, Sao Paulo, Johannesburgo, Montreal, Estambul, Taipei, La Habana, Dakar… Se trata de “algunas” ciudades que, acogen alguna bienal de arte contemporáneo.

Al lado de la veterana y mítica Bienal de Venecia, inaugurada en 1895, se le acerca, guardando distancias, la bienal de Sao Paulo, creada en 1951, y con sus 18 años, la de La Habana.

El resto han despuntado y salido a luz hace menos de 10 años, (me refiero a las bienales organizadas por el estado). Estas han multiplicado los polos de atracción y han transformado el escenario artístico en un auténtico mosaico abigarrado, en donde se codean todas las tendencias y todas las culturas.

¿A qué se debe ésta inflación? Incontestablemente, al aspecto geopolítico, cuando el mundo se vio dividido en diferentes bloques, se sintió la necesidad de que regiones del mundo participaran creando la propia. La creación de una voluntad política (si es el estado quien la crea) y el signo de un viraje socio-económico.

Estas nuevas confrontaciones dentro de la bienal, se han revelado como necesarias y útiles, tanto como para el país que invita, como para el invitado, para el público y la crítica, cuando éstas se fundamentan sobre el dinamismo real del escenario local.

Por ejemplo la bienal de Kwangju, primera bienal organizada en Asia, fue el testimonio claro del lugar preeminente asumido por Corea en el ámbito internacional y la renovación del arte coreano. Lo mismo podríamos afirmar de la bienal de Johannesburgo, inaugurada en 1995, destinada a fortalecer el compromiso de la democracia en Africa del Sur.

Esta bienal se presentó como signo y expresión de la vitalidad de una nueva generación de artistas. La globalización se interpreta con frecuencia, como la reproducción de un modelo, o la uniformidad del pensamiento, algo hay de esto, pero el fenómeno es mucho más complejo.

Se ha constatado que en las grandes exposiciones actuales se encuentran más originalidades que hace algunas décadas. Ahora estamos bajo cierta pretendida objetividad frente a la peligrosa tendencia del escándalo. Hemos pasado de una historia del arte lineal a una historia casi sin brújula. El espacio físico de una bienal es primordial.

No es lo mismo exponer un edificio diseñado por Oscar Niemeyer (1940) para la bienal de Sao Paulo, que una bienal dispersa en diferentes hangares, o en una antigua cárcel, una mezquita o un “palazzo”. Si Venecia y Sao Paulo guardan atractivo, siempre se le criticará el sistema del “pabellón”, por nacionalidades.

Los artistas lo han resentido como una coacción, puesto que el terreno deja de ser neutral. El premio, para comenzar, no se debería dar a una obra particular, sino la totalidad de la carrera del artista, puesto que las bienales no son concursos. “En general las bienales están dominadas por intereses de grupo y en casi todas estas existen camarillas bien organizadas”. R. Tamayo.

ESCRITO POR: