Vida

Composición “Electroacústica”

Temáticas musicales IV. Lo triste es que, en este género musical (con un nombre de por sí tan ambiguo) no siempre se tiene idea de lo que se está hablando.

Recuerdo que éramos bastantes los que, hace ya un buen número de años, acudimos a una presentación anunciada como un “Concierto de música electroacústica”, a cargo de un compositor extranjero del que nunca antes habíamos oído hablar.

Al momento de la función, el escenario lucía vacío salvo por un teclado electrónico y una pantalla para audiovisuales, y cuando hizo su aparición el artista, se anticipaba una moderna cátedra sobre lo último en técnicas de música contemporánea.

Sin embargo, el compositor resultó ser un turista, la pantalla resultó sirviendo para proyectar un video casero de una erupción volcánica, y el concierto resultó una pífia, en la cual el individuo se dedicó a acompañar el video -durante sus interminables 45 minutos-, probando sonidos y jugando con el “joystick” del sintetizador, cual si hubiera sido un vendedor en una tienda de instrumentos electrónicos.

¿”Composición electroacústica”? No habrá sido la primera ni la última, y habranse perpetrado tomaduras de pelo peor intencionadas que esa, no sólo en este confín del planeta, sino en cualquier otro del mundo. Lo triste es que, en este género musical (con un nombre de por sí tan ambiguo), los organizadores no suelen tener idea de qué se esta hablando.

Sucede que -en la academia o fuera de ella- la electroacústica lastimosamente se ha visto reducida a una suerte de experimento de laboratorio, tediosa y pretenciosa a la vez. Esto ha devenido de confundir “música” electroacústica con “grabación” electroacústica; vale decir: la ostentación, como propuesta artística, de lo que en realidad no es más que una aglomeración de sonidos en una cinta magnetofónica o en el disco duro de una computadora.

Metodológicamente hablando, cualquier registro fonográfico puede considerarse como una muestra de “electroacústica”. En ese sentido, bastaría con hacer una mezcolanza de grabaciones heterogéneas (como la de una sinfonía clásica combinada con música de cantina), para presumir de haber creado una obra “musical”.

No es poco común que -a fin de justificar su condición de creadores- los “compositores” incluso se retiren, micrófono en mano, a la soledad de una playa para recoger el sonido de las olas del mar, o se adentren en una porción de selva para registrar el de los pajaros silvestres, por ejemplo.

Después, ya de regreso, en un estudio de grabación lo revuelven con sonidos de automóviles, ametralladoras o el griterío de una muchedumbre, y luego lo presenten como una “obra electroacústica”.

Históricamente, la composición electroacústica esta ligada, desde 1950, a dos formatos básicos: 1) Música electrónica – en la que los sonidos son creados con un aparato eléctrico, y 2) Música concreta – en la que los sonidos son modificados por el aparato (porque ya existen previamente, en la naturaleza, o bien, causados por una actividad humana).

Estéticamente, empero, sus presupuestos siguen siendo los que rigen para cualquier música valiosa: la profunda expresión artística humana. Si ésta falta, nos encontraremos únicamente ante la payasada sin substancia, o ante el objeto sintético de una fábrica, o ante una sofisticada mercancía “acústico…-…eléctrica”.

ESCRITO POR: