Hoy, ese cometido se ve intimidado. El proyecto se debe retirar del local donde ha florecido durante una década –acaso porque su propuesta es fuerte y muy propia– y las espurias explicaciones salen sobrando. Que se vaya, por determinado pretexto o, llanamente, así por así. No van a salir a defenderlo los llamados promotores culturales, curadores, críticos, “expertos” de ninguna laya, probablemente porque nunca han estado allí y no lo conocen. No pareciera que les interese la labor de una galería que no pertenece al círculo de sus consagrados. Sencillamente, que pierda su espacio y se acabó. Sin embargo, para aquéllos de nosotros que hemos visto nacer y crecer a este grupo de artistas y las diversas propuestas de sus muy numerosas exposiciones, tanto colectivas como individuales, la cosa no es tan simple. Quienes no nos dedicamos a las artes visuales, pero tenemos aunque sea un mínimo de sensibilidad e información para estar enterados de su movimiento, sabemos reconocer que se trata de las expresiones artísticas más prolíficas y también de las más logradas de este país. Que ahora este proyecto esté–irónicamente– en caos… no nos puede dejar impertérritos y es necesario levantar una voz para pronunciarnos: en favor de CAOS y en contra de su desalojo.
Sin duda, el proyecto continuará, nos dice su director, el artista Estuardo Salvatierra. Solamente es propicio hacer este llamado a todas y a todos los que podemos intervenir para que siempre nos sigamos viendo, en CAOS.