Bonaventure Ebayi, director del Comando del Acuerdo de Lusaka (LATF, en inglés), indicó que la tecnología usada por los guardas forestales no es suficiente para hacer frente a la sofisticación progresiva de los cazadores ilegales.
“Los cazadores y traficantes de marfil y cuerno de rinoceronte se han modernizado tanto que necesitamos mejorar el entrenamiento de nuestros guardas y dotarnos de la última tecnología”, reconoció el máximo responsable de esta iniciativa, que combate la caza furtiva.
Para Ebayi, se trata de un problema común a toda África en el que “las (nefastas) consecuencias de esta actividad para los animales, el medio ambiente y el turismo son muy elevadas”.
Por su parte, el director del programa de la Interpol para África, Peter Younger, aseguró que su departamento está centrando sus esfuerzos en dotar a los guardas de un mejor equipamiento y entrenamiento.
Las zonas fronterizas de regiones como la de los Grandes Lagos, donde la presencia estatal es mínima, son las más afectadas por la caza furtiva, según el “Business Daily”, que añade que las ganancias del comercio ilegal del marfil podrían estar siendo utilizadas para financiar a grupos terroristas como Al-Shabab en Somalia.