Los barriletes llegaron a Guatemala con vientos de otro continente

En nuestro país los barriletes comenzaron a encumbrarse a finales del siglo XIX y principios del XX.

El festival del Barrilete, se celebra el 1 de noviembre, en el campo de futbol de Sumpango, Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Edwin Castro)
El festival del Barrilete, se celebra el 1 de noviembre, en el campo de futbol de Sumpango, Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Edwin Castro)

“Esta práctica se asocia al arribo de grupos de diferentes nacionalidades, entre ellos los asiáticos”, explica el antropólogo Guillermo Vásquez González, en su investigación Expresiones culturales del Día de Todos los Santos en Guatemala.

“Una pintura de Augusto José de Succa, fechada hacia el año 1900, en la que se observa a una persona volando un cometa, evidencia el hecho de que ya era costumbre en la Nueva Guatemala de la Asunción”, cita Vásquez.

Aunque se carece de certeza sobre el aparecimiento de esas estructuras de caña y papel en Guatemala, su procedencia asiática es innegable.

Vásquez propone que la orden franciscana, por medio de su labor de evangelización en las Filipinas y otros países en el siglo XVI, habría captado hechos culturales de la antigüedad asiática. Después, con la llegada del cristianismo, los barriletes “volaron” sobre Mesoamérica.

El doctor en Historia Aníbal Chajón ubica el aparecimiento de los barriletes hacia 1850 con el arribo de emigrantes chinos, quienes trajeron el conocido papel de China. Además considera que las fiestas de Todos los Santos y Difuntos, con los vientos otoñales del norte, son propicios para volar barrilete, especialmente en cementerios.

Tierra fértil

“No se tienen evidencias arqueológicas de una tradición o práctica de volar cometas en la época prehispánica, aunque se sabe que los mayas usaron una especie de papel fabricado de fibras naturales para algunas inscripciones. Que no existan antecedentes refuerza el hecho de que es una tradición reciente”, dice el arqueólogo Édgar Carpio Rezzio.

La influencia hispana halló terreno fértil en estas tierras por su espiritualidad, y sus habitantes empezaron a adoptar fiestas cristianas y otros conceptos relacionados con la muerte.

La población originaria de estas tierras rendía culto a los antepasados, y la transición a otro estado de existencia era muy apreciada, a tal punto que existían deidades relacionadas con la muerte y ritos funerarios muy explícitos.

El antropólogo Celso Lara menciona a Aj Puch, Señor de la Muerte, quien cuidaba el camino de los muertos hacia Xibalbá.

También la existencia de urnas funerarias y grandes construcciones, como la pirámide del Gran Jaguar, un templo funerario-ceremonial considerado la puerta al inframundo refuerzan estas ideas. 
 

Por su tamaño hasta de 20 metros de diámetro, los barriletes gigantes son fabricados con gruesas estructuras naturales.  (Foto Prensa Libre: Edwin Castro)

Los más admirados

Los municipios de Santiago Sacatepéquez y Sumpango, en Sacatépequez, destacan en la fabricación de barriletes gigantes, que llegan a medir hasta 20 metros de diámetro, pero estos modelos no se alzan en vuelo, su función es solo decorativa.

En Santiago, se mantiene la tradición de “encumbrarlos”, para que sean faros que guíen a los espíritus de los difuntos a las viviendas de sus seres queridos en este mundo, el 1 y 2 de noviembre.

En Sumpango se ha impulsado la modalidad de exhibición y competencia, por lo que el 1 de noviembre se celebra en el campo de futbol el Festival del Barrilete, con la asistencia de miles de visitantes y varios grupos musicales.

Los barriletes gigantes de Sumpango fueron declarados Patrimonio Cultural de Guatemala por acuerdo del Ministerio de Cultura, el 30 de octubre de 1998, mientras los de Santiago recibieron este reconocimiento el 19 de octubre de 1999.

Los vientos propios de estos días ponen a prueba la creatividad de los niños.  (Foto Prensa Libre: Edwin Castro)